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Ada Colau, Carme Forcadell y Leonardo Anselmi en 2012
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Ada Colau, Carme Forcadell y Leonardo Anselmi en 2012 (Foto: Xavier Bertral)

Nosotros ya lo sabíamos

La prohibición de los toros fue el ensayo general del independentismo catalán. Cataluña como sujeto de soberanía, desobediencia de las sentencias judiciales e incomparecencia del Estado. Hoy me encuentro con gente triste, apenada y con ojos llorosos ante lo que está sucediendo.

viernes 06 de octubre de 2017, 09:16h
En 2010 el Parlamento de Cataluña se arrogaba una competencia de la que no disponía para prohibir las corridas de toros. En 2016, el Tribunal Constitucional acordó que dicha prohibición era inconstitucional, permitiendo de nuevo la celebración de los festejos taurinos. El Gobierno de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona declararon solemnemente que no iban a acatar dicha resolución. Iban a desobedecerla. Consideraban que el pueblo catalán era soberano y que a través de su Parlamento había decidido prohibir los festejos taurinos. Incluso, algún político nacionalista manifestó con la típica sobreactuación que los toros sólo volverían a Cataluña con la Legión.

Tras la celebración en Cataluña de un referéndum declarado ilegal, de un paro general (que no huelga) el pasado día 3 y a las puertas de una declaración unilateral (¿las hay bilaterales?) de independencia... ¿Les suena de algo todo esto que les he contado? Obviamente que les suena, porque la prohibición de los toros fue el ensayo general de lo que tenía que venir y al final ha venido. No se llegó en ese caso a la efectiva desobediencia ante la incomparecencia de Balañá, que vendría a ser la mayoría silenciosa (hoy la mayoría “acojoná”). Pero la lógica es exactamente la misma: 1) Noción de Cataluña como sujeto de soberanía (nación soberana/derecho a decidir); 2) Desobediencia y no reconocimiento de las sentencias judiciales; 3) Incomparecencia del Estado (salvo el Rey, en el caso de la política).

Hoy me encuentro con gente triste, apenada y con ojos llorosos ante lo que está sucediendo. Impotentes ante unas autoridades catalanas enajenadas que responden sólo a unas minorías radicalizadas. Desamparados ante la incomparecencia del Estado (entiéndase como Estado central) en Cataluña. Yo, aunque ellos no se lo crean, les cuento que ese duelo ya lo pasé. Ingenuos ellos. A mí en 2010 ya me hicieron extranjero en mi propia tierra.
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