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El Stradivarius

El Stradivarius
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Sobre el boom Victorino, Saltillo, Santa Coloma, cosas veredes, Luis Miguel Dominguín, encastes minoritarios...

miércoles 18 de octubre de 2017, 10:14h
Lloran los sementales la muerte de D. Victorino, los de todas las ganaderías porque a todas benefició con su ascenso. El “paleto” de Galapagar se puso al mundo del toro por boina y además le rindió. Por paradójico que parezca, la fiesta deja de ser rentable cuando pierde los valores románticos que siempre la sustentaron y que hoy están fuera de onda… Los taurinos empezaron a respetarle después del refrendo popular masivo -éste sí legítimo- que le otorgó la afición, no antes. Victorino apareció en el momento justo de cambio social en España. Por fin un ganadero de lujo era un cateto salido del pueblo y no un señorito engominado de Jerez.

El traje de pana a la medida se lo diseñó el crítico taurino Alfonso Navalón y él supo llevarlo con guapeza e inteligencia natural. Alfonso, con sus excesos, se atrevió en la vida a decir lo que muchos piensan, pero que casi todos callan. En este mundo de “valientes” resulta que, a la postre, nos cagamos todos. En esta época de melonar sin guarda se echa de menos a alguien así.

El torero Andrés Vázquez, El Nono, con su rostro afilado por la dureza de Castilla y sus capeas, fue el primer valedor de Victorino. Aunque hay que apuntar que los Saltillos de Escudero Calvo ya embestían, los mataban Manolete y Ordóñez… y El Viti con un sobrero de ese hierro también triunfó en Madrid. Su salida del circuito fue más bien por desencuentros familiares. Rescatar ese tesoro de casta fue todo un acierto y como había “madre” en la ganadería los triunfos vinieron en seguida. Ya en 1965 “El Inclusero” – ¡qué buen capote! - salió a hombros en Las Ventas con novillos suyos, después vino “Baratero”, los seis de Andrés Vázquez, etc… ÉL luchando contra viento y marea de los empresarios que no querían pagarle la plata que pedía. Pero se impuso la verdad y la emoción del toro auténtico acabó por llenar las plazas.

Los Saltillo y sus hermanos Santa Coloma son auténticos “Stradivarius” que sólo un virtuoso del violín o la muleta puede realzar. Son para toreros caros, pero los suelen matar noveles, segundones o gladiadores bizarros, con mis respetos. Es necesario saber tocarlo sin “toques”, con suavidad y finura, acariciando el instrumento, incluso al violento. Los Buendía, prácticamente la camada entera, la toreaba Paco Camino, y por algo sería. ¿Se puede embestir mejor que el sexto toro de Rehuelga que le tocó a Pérez Mota en Madrid, o el indultado Victorino de Illescas a Pepe Moral? Incluso el de Logroño que toreó Juan Bautista y al que la astucia de Victorino hijo le negó el indulto para desmarcarse de la indultitis Domecq desaforada… Humillan tanto que sangran más por el morro que por el morrillo, de restregarlo por el albero.

Con esto del indulto nunca nos pondremos de acuerdo, pasamos del indulto al insulto con facilidad. Antes de salir al ruedo habría que advertir al toro lo que se pierde si no arremete con furia a los piqueros y no devora la muleta con frenesí; nada menos que verde, sexo y habas de por vida, morir de viejo entre mugidos de vacas en celo. Si esto lo supieran los toros saldrían muchos menos mansos…

Hay quien aboga inocentemente por sacar el caballo de picar al final de la faena, ¡después de mil pases! Aun así alguno se arrancaría. Es evidente que completo, completo, no lo parirá vaca. “Cobradiezmos” en Sevilla puso a casi todo el mundo de acuerdo, pero escarbó. Se habla de ser un buen reproductor… Hombre, ¿se puede ser buen padre sin hijos? Los productos tardan en verse tres, cinco años al menos. No deja de ser bonito que el público, con más o menos razón, se enamore de la embestida de un toro, tome partido por él, se emocione, aunque quien de verdad sabe qué toro conviene en cada momento de la ganadería es el propio ganadero, él debería tener la última palabra, pero con la excepción de alguno, hoy día suele ser el último mono. En eso y en casi todo.

La personalidad de V. Martin se reflejaba también en sus terroríficos tentaderos, en como gozaba cuando una vaca hacía correr al torero, en vez de pedirle perdón como la mayoría. Un fijo de la casa era Dámaso Gómez, el “León de Chamberí”, torero poderosísimo, era un primor verlo tentar. Una leyenda viva de la que nadie se acuerda. Si en el corral había una vaca fuerte, con los años que fuera, era para él, sí o sí. En la primera finca que tuvo en Moraleja los tentaderos duraban varios días y acudían un montón de invitados, toreros menos porque muchos salían huyendo al asomarse a los chiqueros. En cierta ocasión estaban, entre otros el citado Dámaso y un torero modesto de Salamanca llamado Fidel San Justo. Como hemos comentado alguna vez, en aquella época, la seriedad se combinaba con alguna broma posterior. A Fidel le dio por disfrazarse de cura y al día siguiente recibió una buena paliza y un puntazo fuerte de una astifina vaca. “¿Lo ves blasfemo? -decía Dámaso entre risas- Por jugar con las cosas del clero”.

Cosas veredes: Resulta que a finales de los ochenta Victorino fue sancionado por supuesta manipulación de pitones en Granada y en Córdoba. Después de una polémica guerra con el conocido veterinario Manuel Sanz, herido en su amor propio, cogió sus cuernos, sus toros y se exilió en Francia donde lidió un par de camadas completas. Tal era su cabreo, que sólo le faltaba entrar en España con peluca como hizo en su día Santiago Carrillo…No se entiende bien, porque unos años antes, exactamente en 1972, cuando empezaba a despegar el boom Victorino, no se plegó ante una suculenta oferta de un figurón del toreo que acababa de reaparecer el año anterior. El trato consistía en comprarle la camada entera a un dineral para matarla, pero con una condición: había que pasar los astados por la barbería. La estrella en cuestión era nada menos que Luis Miguel Dominguín… Esto lo saben muy pocos. Jamás hizo alarde de ello el ganadero.

Así era, con su toda su buena fe mezclada de mala leche, torturó a los toreros con sus alimañas y los hizo gozar como nadie echando de cuando en cuando algún “Stradivarius” de colección. Nuestro reconocimiento a él y a todos los que apuestan por el denostado encaste minoritario, algo impensable hace apenas veinte años. Ni afición ni prensa lo hubieran permitido. Ciertamente salen muchos toros bravos cuando les permiten lidiar, lo han demostrado en Madrid y en otras plazas. Ya que, a este paso, encaste minoritario lo serán también muchos Domecq, con excepción de las cuatro ganaderías que matan las figuras… Al tiempo.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2688 | fernando - 20/10/2017 @ 10:05:22 (GMT+1)
    Domecq necesita muchos mas años para empezar a ser denominado "encaste".

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