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La cosificación del público

La cosificación del público

Este montaje ya no se puede sostener mucho más tiempo. O se abren los carteles y se devuelve el protagonismo al toro, o no hay mucho más recorrido. La afición casi se marchó. Queda la masa. Y es que para los taurinos, el público ha dejado de tener valor en sí mismo. Lo han cosificado. El público es esa “cosa” que lo aplaude todo, no censura nada y lo indulta todo.

miércoles 21 de febrero de 2018, 09:52h

Ya se conocen los carteles taurinos de las primeras grandes ferias de la temporada española. Las empresas de Olivenza, Castellón, Valencia y Sevilla ya han adelantado las combinaciones taurinas programadas y han lastrado las esperanzas del aficionado que, ante una nueva temporada y con el ánimo renovado, esperaba originalidad y justicia. Los carteles son un más de lo mismo. Resulta sorprendente que nos quieran vender como gesta la victorinada de El Juli en Olivenza e injustamente incomprensible que se castigue al rejoneador Diego Ventura en las ferias levantinas y en Sevilla, en lo que parece un claro ajuste de cuentas.

Los carteles de Olivenza son realmente infumables aunque muy acordes con el tipo de público facilón que suele acudir a este coso bullanguero. Los carteles de Levante y Sevilla son los mismos de siempre, con casi los mismos diestros y el altísimo y consabido porcentaje de encaste Domecq en lo que concierne al aspecto ganadero. Lo mejor de la feria de Fallas, por ejemplo, es el magnífico cartel de Mariano Benlliure, utilizado ya en 1968, y que contrasta con el bodrío de cartel que un pintor francés ha elaborado para la feria hispalense. A partir de ahí, todo es predecible y se convierte en un “ déja vu”. La falta de originalidad, la taurocracia de los despachos, los vetos y las inquinas y la feroz dictadura del monoencaste nos conducen, como cada año, al abismo. La tauromaquia se ha convertido en un espectáculo para público de circo barato, con muchas palomitas, manzanillas, finos, gomina y postureo. Se ha arrinconado al aficionado ya que molesta y evidencia que el rey va desnudo. Nadie le puede toser a la taurocracia si no quiere ser estigmatizado como un antitaurino. La Fiesta se acaba. Este montaje ya no se puede sostener mucho más tiempo. O se abren los carteles y se devuelve el protagonismo al toro o no hay mucho más recorrido. La afición casi se marchó. Queda la masa, la cosificación del público. Y es que para los taurinos, el público ha dejado de tener valor en sí mismo. Lo han cosificado. El público es esa “cosa” que lo aplaude todo, no censura nada y lo indulta todo.

Esperemos que con la polémica de la “cosificación” de la mujer, el público de los toros también despierte y se dé cuenta de que está siendo manipulado por una panda de mediocres que luchan contra la autenticidad de la Fiesta.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2752 | Afi - 21/02/2018 @ 20:52:16 (GMT+1)
    Entre todos la mataron, y ella sola se murió

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