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Si no hay corridas no hay encierros
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(Foto: El Español)

Si no hay corridas no hay encierros

D. Antonio Purroy Unanua, Dr. Ingeniero Agrónomo y Catedrático de Producción Animal, y Miguel Reta, Ingeniero Agrónomo, ganadero de Reta de Casta Navarra y pastor de los encierros de Pamplona, escriben sobre la nueva estrategia de los movimientos antitaurinos para acabar con la Tauromaquia.

jueves 21 de junio de 2018, 16:31h
Los movimientos antitaurinos y las corrientes animalistas y populistas no ceden en su empeño por atacar a la Tauromaquia, aunque parece que de un tiempo a esta parte haya disminuido la virulencia de sus ataques. Los partidos animalistas y populistas que dan cobijo a estas protestas se han dado cuenta de que no consiguen sus objetivos y que desprestigian su acción política e, incluso, que pierden apoyos en las confrontaciones electorales, no les resulta rentable. Es lo que tiene ir en contra de una actividad noble y legal que está muy arraigada en las entrañas de muchos españoles. Y aún se podría ir más lejos. Los ataques antitaurinos furibundos de los últimos años han provocado la respuesta contundente del estamento taurino en su conjunto y han conseguido unir a un colectivo que raras veces ha caminado unido en su propia defensa.

Vista que la confrontación directa apenas aporta beneficios en su ataque a la tauromaquia, los antitaurinos han decidido cambiar su estrategia, han decidido aplicar el “divide y vencerás”.

Como es harto sabido, la tauromaquia posee dos vertientes distintas pero complementarias: la tauromaquia de lidia ordinaria y la tauromaquia popular con festejos en calles y plazas; ambas tauromaquias son una misma cosa, pues tienen el mismo origen y el mismo fin y comparten el mismo tipo de animales, el ganado bravo. Ambas, han coexistido a lo largo de la historia y tienen que seguir caminando juntas porque ambas se apoyan y se necesitan.

Pues bien, las cabezas pensantes del movimiento animalista han decidido apoyar los festejos populares mientras desprestigian los espectáculos de lidia ordinaria, por considerarlos cruentos y sangrientos. Dicen que no les quedan más allá de diez años de vida, ¡hay que ser atrevidos! Doran la píldora a los aficionados y a los organizadores de festejos populares diciéndoles que no van en contra de estos espectáculos porque en ellos no hay sangre ni muerte. Insisten en que solo combaten la suerte de varas y la muerte a estoque en el ruedo, es una manera de demonizar algo que no conocen. Se ponen de manera premeditada del lado de una tauromaquia, la popular, y en contra de la otra, la de lidia ordinaria, cuando odian a ambas por igual. Tratan de ganarse a una para atacar de forma sibilina a la otra, ¿cuál es el siguiente paso de su estrategia?

Este doble juego, el de apoyar a los festejos populares y atacar a los de lidia en el ruedo está muy estudiado para que, en un muy hipotético caso de conseguir la desaparición de estos, pasar al ataque definitivo de los festejos populares. El movimiento antitaurino sabe que una vez desaparecida la lidia ordinaria de las plazas de toros, la tauromaquia popular se desmoronaría como un sencillo castillo de naipes. Con ello habrían conseguido la desaparición de la tauromaquia en su conjunto librando una única batalla, la de los festejos de lidia ordinaria. Y lo que es más indignante, con la ayuda inocente de los aficionados a la tauromaquia popular. Esta es una jugada tan prevista como burda, jugada que hay que desactivar antes de que sea demasiado tarde.

Ya existen confluencias políticas populistas y movimientos animalistas que están claramente en contra de los toros, que están trabajando en esta idea. Los aficionados a los festejos populares tienen que saber que una vez desaparecidas las corridas de toros, desaparecería la cría de los toros de lidia, que arrastraría a la cría del ganado bravo en su conjunto, nos quedaríamos sin la raza brava de ganado vacuno, una gran pérdida genética para nuestro país. Y “muerto el perro, se acabó la rabia”, si el ganado bravo desaparece, desparece la tauromaquia.

No es cierto que el ganado utilizado en ambos tipos de festejos sea diferente pues todo él pertenece a la raza bovina de lidia, una agrupación racial cuyos animales tienen el cometido de responder con fiereza cuando se les provoca. La metodología de selección es practicamente la misma: elección de los futuros sementales y de las vacas madres de entre los hijos de los mejores reproductores, que tienen que mostrar su buena condición en la prueba de bravura (tienta, en su caso) y además tienen que transmitirla a sus descendientes. Los animales para ambos tipos de festejos tienen por tanto el mismo origen y parecida forma tradicional de cría y manejo.

Pero aún hay más similitudes. Los que se ponen delante, toreros y corredores o recortadores, buscan la creación de arte para su propia satisfacción personal y para el disfrute de aficionados y espectadores. En ambas tauromaquias, se juega con el toro y se regatea a la muerte.

Que nadie piense que los encierros tradicionales de prestigio (Pamplona, San Sebastián de los Reyes, Cuéllar, Segorbe…), los festejos de Bous al Carrer actuales, las nuevas exhibiciones –concursos- de recortadores en las plazas de toros con animales en puntas etc., se iban a seguir celebrando. Este tipo de festejos han cogido una gran importancia porque utilizan animales de las ganaderías más prestigiosas de las diferentes asociaciones de criadores de toros, de gran trapío y de comportamiento muy agresivo, y que tienen un excelente mercado para esta “nueva” tauromaquia popular. Este nuevo mercado es un buen complemento económico para las ganaderías de toros de lidia, siendo un ejemplo más de la complementariedad de las dos tauromaquias.

Como ya se ha indicado las dos tauromaquias son complementarias. Ninguna de ellas es más importante que la otra y ambas han coexistido a lo largo de la historia y se han retroalimentado mutuamente. Tienen que seguir creciendo juntas porque ambas se apoyan y se necesitan. Y ello depende en gran medida del apoyo, trabajo y tesón de todos nosotros.

En consecuencia, los aficionados y los mentores de los festejos populares no deben dar pábulo a los cantos de sirena de los antitaurinos que ahora apoyan estos espectáculos y atacan a los de lidia ordinaria. No tienen que dejarse engañar para ser utilizados en contra de las corridas y de las novilladas pues, a la postre, van en contra de la tauromaquia en su conjunto. Sólo buscan su desaparición total y absoluta.
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