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María Vázquez para La Taurino Manchega
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María Vázquez para La Taurino Manchega

"Los encastes minoritarios salvan la Feria de Albacete"

Corridas de nota las de Miura y La Quinta, en un abono que se recordará por el grave percance que sufrió Paco Ureña, quien a pesar de todo se quedó en el ruedo para torear y matar al de Alcurrucén. Gestos que honran la profesión de torero y engrandecen la Fiesta de los toros. El novillero José Fernando Molina mostró personalidad y dejó una magnífica impresión. Talavante volvió a reivindicarse.

martes 18 de septiembre de 2018, 20:10h
Un señor de Alcaraz (Albacete), de cuyo nombre no quiero acordarme, dijo la siguiente frase: “el encaste minoritario es minoritario porque no embiste”. Lástima que no se haya dedicado al tarot en vez de al toro. Aunque tampoco hubiese sido muy buen profesional. Fíjense, si no hubiera sido por las ganaderías de Miura y La Quinta, esta temporada el abono manchego se habría considerado un fracaso absoluto.

Comenzaba precisamente la Feria de la Virgen de los Llanos con una “miurada” tras 15 años de ausencia en Albacete. Con una presentación digna de plaza de primera, varios de los astados fueron ovacionados de salida. Consiguió una puerta grande Pepe Moral, aunque sin rotundidad, tras cortar un trofeo a cada toro. Destacó con la mano izquierda ante sus dos oponentes, faltándole ajuste con su primero y dejando los mejores muletazos de la tarde en su segundo. Sergio Serrano paseó otro trofeo con el que se le premió su disposición. Eso sí, sus formas fueron vulgares. Octavio Chacón, se justificó ante el peor lote del festejo.

La segunda de abono, la corrida de rejones compuesta por Andy Cartagena, Diego Ventura y Juan Manuel Munera, tuvo que ser suspendida tras la lidia y muerte del cuarto, debido a la fortísima tromba de agua que cayó y que imposibilitó la continuidad del festejo. Hasta entonces, el único trofeo lo había recogido el rejoneador local Juan Manuel Munera.

Con las miradas puestas todavía en el cielo, llegaba la primera de las dos novilladas consecutivas del abono. Anunciados los novilleros de la tierra Cristian Pérez, Adrián Villalba y José Fernando Molina, los dos últimos hacían el debut con picadores. Novillada bien hecha pero basta de cara de Juan Manuel Criado/Encinagrande. Pudimos ver algo excepcional hoy en día: un novillero con personalidad, con un concepto del toreo basado en la pureza y la verdad. Se trata de José Fernando Molina, quien dejó lo mejor de la tarde, con una faena templada, sometiendo a su primero por bajo en ambos pitones, cargando la suerte y llevándolo en redondo, como marcan los cánones. Cortó dos orejas algo excesivas. En su segundo le tocó un rival complicado pero supo sacarle jugo y logró otro trofeo. Con predisposición ante el peor lote de la tarde anduvo Cristian Pérez. Sin muchas opciones estuvo digno. Adrián Villalba comenzó una faena de más a menos al gran tercero, que se fue con las orejas puestas. Acusó la misma falta de oficio ante el buen quinto.

En cuanto a juego y presentación la novillada de El Cortijillo/Lozano Hnos pudo ser de las peores, si no la peor de la feria. Lo más destacable fueron detalles sueltos de Sergio Felipe, que le cortó una oreja a su primero tras estar cuatro años sin torear. Francisco de Manuel con predisposición y “Toñete”, que se despedía como novillero, dijo poco o nada.

Justa de presentación, mansa y con poco juego la de Torrealta. Vimos a Rubén Pinar abrir la puerta grande de Albacete por quinta vez consecutiva. Posiblemente dejó la estocada de la feria en el tercero, valiéndole un trofeo. Faena sin rival en su segundo pero que conectó con los tendidos y éstos hicieron que cortara otra oreja, saliendo así en volandas. A Antonio Ferrera lo vimos como toda la temporada, con cierta apatía y frialdad. Gustó con la mano izquierda en el cuarto. Fue lo poquito que pudimos ver. El otro torero del cartel fue el vulgar y prepotente David Fandila “El Fandi”. Tuvo una actitud bullanguera durante toda la tarde, llegándose a encarar con la banda de música. Sin torear, dando más que trapazos, cortó un trofeo en su primero, sin petición mayoritaria y protestada por parte de la plaza.

Mucha polémica se levantó en cuanto a la corrida de Daniel Ruiz del día 13. Sus toros no estaban en los corrales 24 horas antes del festejo como marca el reglamento, saltándose éste gracias a la complicidad de la empresa y autoridades. Presuntamente, esto se debió a la existencia de un caso de tuberculosis en la ganadería, tratándose así de evitar posibles contagios. Vamos, que si hubiese sido otro hierro, esto no hubiera pasado y todo se abría hecho conforme al reglamento. Por la tarde, se colgó el “No hay billetes” con mucho público ocasional y triunfalista. Corrida impresentable, estando más cerca de ser una novillada que una corrida de toros. Enrique Ponce hizo su ya típica faena de enfermero ante el cuarto. La presidencia le regaló dos orejas. Roca Rey cortó otras dos en su primero gracias a una faena fuera de cacho, lineal, perfilera y dando pases cambiados por la espalda, pero todos sabemos que esto es lo que le gusta hoy a la gente. El Juli, paseó un único trofeo tras la negativa del presidente a concederle la segunda.

Un año más nos volvieron a colar la ganadería de la empresa, Alcurrucén, que hizo méritos para no volver en años. Suspenso en presentación, nos trajeron las sobras de la camada de saca. Esa tarde todos nos fuimos con una sensación agridulce tras el percance en el ojo sufrido por Paco Ureña. Tras ver días después la magnitud del percance y la labor del torero lorquino continuando con la lidia y muerte del cuarto, sólo podemos darle las gracias por honrar la profesión de torero y engrandecer la fiesta de los toros. El único trofeo de la tarde lo obtuvo Ginés Marín, que no se acopló con su lote y anduvo ventajista en el conjunto de la tarde. Álvaro Lorenzo, muy mal con los aceros, perdió un trofeo en su segundo con un manso rajado en tablas.

Tras el bochornoso indulto del año pasado de manos de Roca Rey, volvía la ganadería salmantina de Garcigrande con una presentación por debajo del nivel de Albacete. Salió una mansa y descastada corrida, que no valió ni para carne. Lo mejor, Diego Carretero en el tercero con una faena templada y con emoción, aunque con enganchones. Cazó a su rival con una estocada en todo lo alto, logrando pasear dos apéndices y salir a hombros. Sebastián Castella y José María Manzanares pasaron con más pena que gloria. Ambos con faenas de tiralíneas y vulgares, abusando de ventajismo toda la tarde. Dos avisos llegó a escuchar el francés en su primero, muy mal con la espada en su paso por La Chata.

En la penúltima de feria tuvo que llegar el toro para dar importancia y sentido a este espectáculo. Muy bien presentada, en tipo del toro Santa Coloma, vino La Quinta a Albacete. Con casi todos los astados con opciones de triunfo, fue la tarde más interesante del abono. Rubén Pinar, que cuenta sus últimas seis presencias en Albacete por puertas grandes, volvió a abrir el cerrojo. Sin ser una salida a hombros rotunda, demostró estar en un gran nivel, capaz de torear a todo tipo de toros. Desde el boyante y noblón segundo al complicado quinto, al que consiguió meter en la muleta. Tuvo mucha importancia esa faena. Capacidad de Pinar. Oreja y oreja para el albaceteño. Andrés Palacios entró en el cartel a última hora a causa de la baja de Fortes. Tras el paseíllo realizado el año pasado con esta misma ganadería y también en Albacete, Palacios no se había vuelto a vestir de torero. Comprensible si sales sin ambición como estuvo toda la tarde. Detalles con la mano izquierda, con gusto y torería, pero que no sirven para abrirte paso. El extremeño José Garrido no se acopló a un lote con opciones pero sí dejó el mejor toreo de capote de la feria ante el sexto toro. Lo enganchó desde el tercio y lo llevó toreando a la verónica hasta los medios con gusto y garbo, rematándolo con una gran media verónica.

Para cerrar la feria de Albacete nos esperaban las “figuras”, que no son capaces de salir de sus seis o siete ganaderías. Juan Pedro fue la elegida para lidiar aquí. Corrida bien presentada para cualquier plaza de segunda categoría, pero algo justa para Albacete. Sin duda, el nombre a destacar fue el de Alejandro Talavante. En guerra con el sistema y sin estar anunciado en las ferias, hoy día es el mejor torero del escalafón. Admirable fue su actitud en su primero, más acorde con la de un novillero que con la de un matador consagrado. Salió a “revienta calderas”, como decían antiguamente. Intentó parar a su primero de capote a una mano, con aires de tauromaquia añeja. Justo de fuerzas el bonito sardo, dejó un par de muletazos para el recuerdo. Oreja con fuerte petición de la segunda. Salió a por todas en el último toro de la feria y consiguió salir a hombros y dar otro golpe sobre la mesa. Lo acompañaba El Juli, en su segunda presencia en el abono, que se marchó entre pitos y aplausos tras una mala actuación. El otro espada fue Miguel Ángel Perera, que logró un trofeo en el quinto tras petición de dos orejas. Como nos tiene acostumbrados el extremeño, faena con enganchones ante un astado parado. No faltó su típico arrimón para calentar los tendidos.

Decir que el palco de Albacete de los dos últimos días es el que le da seriedad y categoría en la plaza. Todo lo contrario al que hemos visto el resto de festejos, regalando trofeos sin petición e incluso saltándose el reglamento hasta en dos ocasiones.
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