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Adelaida Rodríguez: la flor de Lisardo

La ganadería de Adelaida se formó con un lote de vacas que el nieto de D. Lisardo Sánchez quería recuperar en el futuro para volver a la actividad ganadera. El actual propietario, D. Fernando García, lleva la vacada con la máxima afición e integridad posibles. De hecho, les contamos cuando el Niño de la Capea intentó afeitar una novillada para su hijo y el ganadero se negó.

martes 23 de octubre de 2018, 17:49h

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Los dos ríos más ganaderos de España son sin ninguna duda el Huebra y el Yeltes, ambos charros. Del último se puede decir que nació debido a los regatos del “Zarzoso” y el “Zarzosillo”, los cuales pasan por la finca “Zarcillo de Abajo”, situada en El Cabaco (Salamanca), y donde se encuentra la ganadería de Doña Adelaida Rodríguez. La finca está situada a 1.020 metros sobre el nivel del mar. Carece de encinar, por lo que no es el típico campo charro; escarpada, predomina el roble y el paisaje es pedregoso. Debido a la altitud, su clima también es diferente. Los inviernos son más crudos y los veranos no son tan calurosos, por tanto, es una finca muy sana para el ganado.

En nuestra visita a esta casa fuimos atendidos por el ganadero y representante de la vacada, D. Fernando García Rodríguez, el cual pertenece a la 5ª generación de la saga ganadera de “Espioja”, aunque lo de Adelaida Rodríguez comenzó en el año 91. Don Fernando siempre escuchó decir a su abuelo que una de las mejores ganaderías que había visto en su vida la había comprado un ganadero, o más bien un tratante salmantino llamado Benjamín Vicente Gallego, apodado “El Rubio de Golpejas”. Este señor compró la ganadería de D. Lisardo Sánchez, que hay que recordar que fue creada por D. Lisardo sobre 1.948 al cruzar los encastes Murube y Atanasio, reuniendo y potenciando las características de ambas sangres, consiguiendo ser uno de los ganaderos salmantinos más importantes. No obstante, debido a diferentes circunstancias, se vio obligado a venderla en distintos lotes a varios ganaderos. Uno de ellos fue el que se quedó en manos de Benjamín Vicente, quien también adquirió el hierro. Esta compra se realizó en 1.983, y un año más tarde la vendió al completo a los Hermanos Santamaría López, salvo un lote de vacas que estaban con el semental “Limosín”. Estas reses se encontraban apartadas y elegidas por nota por el nieto de D. Lisardo, que quería recuperarlas y volver a hacerse ganadero. Al parecer, los Hermanos Santamaría las vieron con “Limosín” y desconfiaron de ellas. No las quisieron. Un buen día el actual ganadero escuchó en una conversación que ese apartado de vacas estaba en venta, y no dudó en ir a comprarlas. El trato se hizo con cierta rapidez, ya que por desgracia el campo estaba sumido en sequía, por lo que alimentarlas era bastante costoso y “El Rubio de Golpejas” quería deshacerse de ellas con urgencia para abaratar los costes de la finca. El negocio se cerró en 1.991. Se puede decir que Doña Adelaida Rodríguez se forma con la “flor” de la ganadería de D. Lisardo Sánchez. Pronto se pusieron a trabajar, retentaron todas las vacas y comprobaron que la compra fue todo un acierto. Junto con las hembras iban dos toros: “Lisonjero”, número 62, y “Cara Azul”, número 45. Estos dos ejemplares y un toro que compraron a Moisés Fraile fueron los primeros sementales. “Cara Azul”, en particular, ligó muy bien.

Actualmente, la ganadería está compuesta por 200 vacas de vientre y 12 sementales, que forman 35 familias, por lo que está muy abierta y no tiene problemas de consanguinidad. Y si los tuviera, D. Fernando no dudaría en adquirir reses de ganaderías hermanas como podrían ser Los Bayones, Valdefresno o Puerto de San Lorenzo.

Al ganadero le gusta que el toreo sea la mezcla de arte con emoción, e intenta seleccionar animales que siempre vayan a más, que tengan trasmisión, exigiéndoles mucho en el caballo. Por lo general, los toros de este encaste son abantos de salida, pero cuando tienen el primer contacto con el caballo empiezan a sacar la casta, que es el motor de la bravura, para terminar en la muleta con embestidas largas que trasmiten mucho. Evidentemente siempre no lo consigue, por eso D. Fernando tiene paciencia y se deja aconsejar por sus mayores.

En 1.993 se herraron las primeras reses de Adelaida Rodríguez. Lidiaron desde el principio, pero fue sobre el año 2.000 cuando los hermanos “Chopera”, Pablo y Óscar, le compraron una novillada picada para lidiarla en tierras francesas, donde hace tiempo regentaban muchas plazas. La cosa salió bien y los Chopera les abrieron al mercado francés. Lidiaron mucho y además con muy buenos resultados. Hoy en día, entre seis y ocho comisiones francesas se interesan por comprarle alguna novillada o corrida. Hay que recordar que el aficionado francés tiene más voz y voto que el español, pues son muchos los aficionados galos que forman parte de las comisiones encargadas de confeccionar los carteles de las ferias. Ellos, en primer lugar, adquieren las corridas y después contratan los toreros. Esto en España ocurre muy poco, por no decir nunca. Por poner un ejemplo, el año pasado, a servidor le preguntó la empresa de Castellón si estaría dispuesto ha reunirse con ellos y trasladarle las inquietudes de los aficionados en cuanto a gustos de ganaderías y toreros. Bien, la feria fue en el mes de marzo, estamos en octubre y no me han dicho aún qué día es la reunión... Siguiendo con el hilo que nos ocupa, el ganadero lo que sí quiso puntualizar es que el mercado francés no es para los ganaderos españoles lo que antes era, lógicamente con alguna excepción. Y es que la proliferación de ganaderos franceses ha hecho que el mercado sea distinto al de hace años, haciendo que la demanda y los precios bajen de forma considerable.

Cuando escuchas a D. Fernando, te das cuenta que estás ante un ganadero con una afición tremenda, íntegra e inquebrantable. Por todos es sabido que en la actualidad se está abusando del afeitado. Al respecto contó una vivencia que muchos de los aficionados que nos lean la sabrán, pero es conveniente y oportuno refrescar la memoria. Corría el año 2.004. Por aquel entonces el hijo de El Niño de la Capea era novillero con picadores y le acompañaba cierta aureola, más por el apellido que por méritos propios. El novillero tenía anunciada su presentación en la plaza de toros de Logroño el 12 de marzo de 2.004 con novillos de la ganadería de Adelaida Rodríguez. Unas horas antes de embarcar a los novillos se presentó el mismísimo Pedro Moya “Niño de la Capea” en la finca con la intención de afeitar los novillos. De inmediato el ganadero se negó, y además tuvo el apoyo del representante de la empresa Chopera, a quien tampoco le gustó la idea. Entonces Pedro Moya montó en cólera, amenazando e insultando al ganadero al ver que éste no cedía al fraude. Incluso, quiso cambiar los novillos por otros más cómodos. Finalmente se embarcaron los novillos sin afeitar, por lo que Pedro nuevamente y desde el coche increpó y amenazó al ganadero diciéndole que a los novillos se los iban a cargar los picadores. Por desgracia, la novillada se suspendió porque el día antes se produjo el brutal atentado del 11M en Madrid. Los “informadores” taurinos no denunciaron los hechos protagonizados por el Niño de la Capea, a excepción de los críticos salmantinos Alfonso Navalón y Paco Cañamero, quienes contaron con pelos y señales lo ocurrido.

Estas líneas van acompañadas de un reportaje fotográfico. Observarán que todos los machos están herrados con el guarismo del 5, es decir, que en la actualidad son novillos y forman la camada de cuatreños del año que viene. Esta temporada ha lidiado todos sus toros, señal inequívoca de que tiene demanda. Incluso, ha tenido ofertas que no ha podido satisfacer, bien por no tener toros o por excesivo trapío de los astados.

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