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Entrevista a Chapu Apaolaza, portavoz de la FTL (Parte I)

“Hay una modernidad ciega ante la muerte y la fragilidad de la vida, y la Tauromaquia es una representación de una vida que puede ser bella o atroz”
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(Foto: Ignacio Perelétegui)

“Hay una modernidad ciega ante la muerte y la fragilidad de la vida, y la Tauromaquia es una representación de una vida que puede ser bella o atroz”

- "Debatir sobre toros sí o toros no partiendo del gusto de cada cual es un estado tan primario del debate que lo hace imposible".
- “Gio Qyuda nos dijo que al toro no se le puede tener pena porque es el soldado de la naturaleza, y sentir lástima es un insulto para un luchador”.
- “¿Los toros son cosa de fachas?”

jueves 29 de noviembre de 2018, 10:18h
Nombrar a Chapu Apaolaza como portavoz de la Fundación Toro de Lidia ha sido un acierto rotundo. Pocas personas pueden reunir tantas condiciones como él para desempeñar este cargo. Licenciado en Periodismo, es un hombre joven, inteligente, culto, sereno y con sentido común. Y, por supuesto, muy buen aficionado. Hemos hablado con él para tratar aspectos distintos e interesantes en una entrevista que se publicará en dos partes. Aquí la primera.

- Este año durante la feria de San Isidro la Fundación Toro de Lidia ha llevado a personas de distintos ámbitos al callejón de Las Ventas. ¿Cómo ha sido la experiencia?
La experiencia ha sido muy gratificante para nosotros. Ha venido gente de la política, como por ejemplo José Luis Ábalos, que es el secretario de organización del PSOE, o Andrea Levy del PP; escritores como Sergio del Molino; periodistas como Juan Ramón Lucas o Emilia Landaluce; gente de la diplomacia, como la Secretaria de la Embajada china en España; ejecutivos como Fernando Ruiz, que es el presidente de Deloitte, o Marcos de Quinto, que ha sido vicepresidente ejecutivo de Coca Cola mundial; cantantes como Julia de Castro; y gente de ámbitos distintos. Queríamos buscar personas alejadas del mundo de la tauromaquia. Fue genial ver como ellos asistían al espectáculo increíble de una tarde de toros en el callejón, y ver como han escuchado el mensaje de la Fundación, que es el mensaje de la tauromaquia, y que habla de los valores, del patrimonio y de la libertad. Es curioso como han reaccionado y asimilado o, al menos, escuchado, el mensaje de rebelarse contra la censura, de descubrir un mundo que tiene muchas aristas y que es complejo al margen de que a uno le guste o no. Se han dado situaciones muy curiosas. Por ejemplo, Lupe de la Vallina, que es una de las mejores retratistas y fotógrafas que hay en Europa, mientras estaba allí mantuvo un debate sobre los toros a través de sus redes sociales, en el que ella chocaba con lo que estaba viendo pero a la vez estaba fascinada. Es una de las contradicciones de este mundo. También, cuando vino Sergio del Molino, que es uno de los intelectuales del momento en España y que se sentía antitaurino, escribió un artículo que consideramos histórico. Se llamó “Tarde de toros” y se publicó en un medio de comunicación referencia de la izquierda. Es una aproximación bellísima de un intelectual libre a una tarde de toros, y en la que admite todas las contradicciones que surgen alrededor de la fiesta y de su propia fascinación en ese momento. Aunque no se declara aficionado a los toros, ni falta que hace, crea un espacio de duda, un espacio gris entre lo que es negro y es blanco que es fundamental para nosotros. La Fundación lo que quiere es extender el mensaje de que existen diversos estadios y terrenos al ser aficionado o prohibicionista, y en el que queremos que la gente se sitúe para reflexionar y sacar sus propias conclusiones.


- También fue un corresponsal de la agencia estatal de noticias de China.
Sí, y hay una anécdota muy curiosa en torno a él. Se llama Gio Qyuda y es de la agencia Xinhua. Con él aprendimos a ver los toros desde los ojos de una persona que nunca los ha visto, que es algo que también nos enriquece porque siempre los vemos desde los ojos doctos del aficionado que está en ese camino de conocimiento. Y nos ha enseñado muchas cosas en todos los sentidos. Cosas que nosotros damos por sabido pero que a ellos les resulta interesante. Hay una historia maravillosa que pasó con él. Dijo que había aprendido mucho sobre la relación entre la vida y la muerte, sobre el amor y el odio, y acerca de la relación entre quietud y movimiento. Y esto nos da una medida de como a veces los aficionados despreciamos al que no es docto en tauromaquia. Pensamos como que “este no sabe de toros”, y hay gente allí que no sabe de toros pero que tiene sensibilidad y enseña cosas que nosotros ya no vemos, o que intuimos pero que ya no somos capaces de descifrar. Nos dio una lección maravillosa. Nos dijo que al toro no se le puede tener pena porque es el soldado de la naturaleza, es un luchador, y el sentir lástima es un insulto para un luchador. Su momento preferido es el de la suerte suprema porque dice que es donde hay más verdad, y que según lo que estaba viendo era lo más difícil técnicamente.


- Es curioso lo que dice del luchador y el momento de la muerte del toro. Todo es por la cultura.
Las culturas orientales y las sociedades rurales lo entienden muy bien. Ese amar a la naturaleza midiéndote con ella. El animalismo es un movimiento netamente urbano, fabricado en las ciudades a partir del desconocimiento de lo rural y de sus códigos. Los códigos olvidados del campo son los que permiten que se digan salvajadas como las que se dicen desde el animalismo extremo.


- A veces nos llaman bárbaros e intentan crear un complejo basado en que cuanto más culto seas, cuanto más “moderno”, menos deben gustarte los toros.
Lo que pasa es que ese movimiento urbano al que me refería antes quiere borrar todo el pasado, todo lo que somos. Viene del mundo anglosajón y está entrando en choque con la identidad que tienen los pueblos mediterráneos, que tienen mucha relación con el conducto de la muerte. Y en este mundo animalista que toca mucho con la sociedad contemporánea, la muerte está borrada de lo que somos. La muerte, la enfermedad y la conciencia de la fragilidad de la vida están totalmente abandonadas por este sistema. Con lo cual, hay una parte de la sociedad que piensa que olvidar la muerte, lo sucio o lo salvaje, es un tipo de corrupción. Pero es un camino a la ceguera. Una sociedad desnaturalizada que no es consciente del mundo en el que vive, de cuáles son sus actos y cuál es su propia fragilidad. De una sociedad que pasa la semana esperando a que llegue el viernes y piensa que siempre vamos a ser guapos, jóvenes y que siempre vamos a estar sanos y vivos. Con esa inconsciencia somos incapaces de disfrutar el momento. Sin tener en cuenta que en el momento siguiente podemos estar en la oscuridad. Creo que es un error de la civilización esa supuesta modernidad ciega. Para todo ese sistema en el que siempre vamos a estar bien, con esa arquitectura de memes en redes sociales que nos dicen que lo importante es intentarlo, aunque sea importante; que aunque nos caigamos, lo importante es levantarnos porque siempre podemos alcanzar nuestros sueños... y es mentira. Y la tauromaquia es una representación de una vida bellísima y atroz, en la que se vive y en la que se muere, y en la que las cosas pueden salir bien o mal. Es la representación de un mundo que a veces es injusto. No celebramos esa injusticia pero nos ponemos delante de ella.


- Todo el mundo se posiciona sobre si está a favor o en contra de los toros, y tampoco tenemos por qué convencer a los demás. Simplemente, se trata de que se nos respete.
Desde la Fundación estamos intentando cambiar este tema y es importante que los aficionados y que la gente que tenéis influencia tengáis muy claro lo siguiente. Todo el mundo que hemos traído a la plaza de toros ponía por delante su gusto. Se sentían un poco incómodos por lo que fuésemos a pensar de sus reacciones, puesto que son gente muy educada, y todo el mundo se posicionaba: me gustan los toros, no me gustan, me encantan, me gustan los toros hasta que les clavan algo, aborrezco la muerte, mi cuñada es abonada en Valencia (risas)... Es decir, la persona estaba condicionada por su gusto y por el de los suyos, lo cual, encontramos que es totalmente absurdo. Es un estado tan primario del debate que lo hace imposible. Fíjate, si abordamos cualquier debate acerca de la sociedad a través del gusto de cada cual, ¿que sucedería? El ejemplo más gráfico es la libertad sexual. Imaginemos que alguien aborda el debate sobre la homosexualidad pensando en que una vida homosexual o que no sea heterosexual, ha sido de su gusto. Por decirlo más claramente, si a él le ha apetecido besar en algún momento a alguien de su propio sexo. No tiene sentido. Las personas no se plantean si a ellos les es de su gusto las opciones homosexuales o heterosexuales para defender la libertad de optar por cualquiera de las opciones sexuales. Nadie se lo plantearía. Nadie dice si tiene un tío gay, eso no influye en el debate. Estamos en un país libre. ¿Qué importa lo que a uno le guste? Importará para el debate sobre el gusto. Sobre si a uno le gusta El Juli, Urdiales, Diego Ventura o Morante. Eso es un debate sobre el gusto. O, por ejemplo, si no le gustan los toros y por eso no accede a las plazas, pero es distinto del debate sobre la libertad. Y tenemos que cambiar los aficionados y abandonar ese vicio de decirle a la gente “no, si no te gustan los toros es porque no has venido. Tú tienes que venir porque te tienen que gustar”. No, los toros no tienen por qué gustarle a la gente y son igual de buenas personas, igual de válidas en su sensibilidad. Tenemos que desterrar ese debate sobre el gusto. No importa que no te gusten. No queremos convencerte, queremos convencerte de que somos libres para hacerlo.


- Exacto. Hay que frenar ese debate prohibicionista basado en las preferencias personales.
Es lo que ocurre con el referéndum sobre la Tauromaquia. "Podemos" plantea que se consulte al pueblo y quiere prohibir la tauromaquia porque dice que hay una parte de la sociedad que está en contra de la Tauromaquia. Y digo, ¿de cuántas cosas sobre la sociedad está la gente en contra? Hay gente que está en contra de los videojuegos porque piensan que fomentan la violencia; hay una parte de la sociedad que está en contra de los desnudos en las galerías de arte; y, ya no te digo si abrimos este gusto a un debate global. Por ejemplo, que holandeses puedan decir lo que es cultura y no es cultura en España. ¿Queremos que una persona de Arabia Saudí diga lo que es cultura no es cultura en nuestro país? Yo creo que no. Esto es como si queremos hacer un referéndum sobre el reggaeton o determinados libros. Al que no le guste que no los lea pero las sociedades modernas, como la española, se han protegido constitucionalmente para que no tengan efecto todos estos tipos que regularmente, y cada ciertos decenios, vienen con rotulador a poner rojos, a acortar películas, a prohibir y y a hacer censura previa en los periódicos. Vienen con el objetivo puritano de decirnos dónde está la raya de lo que es cultura y lo que es perversión. Esto ha pasado en este país. A mí lo que me aterra es que esté pasando ahora y que nadie se dé cuenta de que estamos delante de un caso de censura y que además sea la izquierda, que tradicionalmente ha llevado adelante las rayas por las libertades, esté poniéndose de ese lado. Nos vienen a decir cuáles son los cuadros que podemos ver en las exposiciones, y cualquier día vendrán a medir las faldas de las señoras. Es terrible. Por eso es importante la batalla del toro mucho más allá de la existencia o no de la Tauromaquia (que para nosotros los aficionados es fundamental porque está casi dentro nuestra vida) porque para la sociedad es crucial el debate sobre la libertad. De una sociedad que puede quedar muy mermada si se prohíben los toros porque la guerra cultural va a ser terrible y se van a romper todas las fronteras contra la censura.


- Los partidos deberían dejar de lado los complejos y tratar la Tauromaquia en base a todo su valor, que va más allá del arte. Me refiero a las dehesas, la economía, la historia... Es una gran cultura que debería ser considerada y fomentada por el Gobierno de forma constante, por encima del partido político que esté en el poder. Más que restar, sin duda, sumaría a España.
Una de las cuestiones en las que ha trabajado la Fundación es en el reconocimiento de la Tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial, y es un camino a recorrer. Todo va a depender de cómo se suceden los acontecimientos en esta batalla. Tenemos la esperanza de que el péndulo de la censura revierta su camino. Las épocas de censura y libertad van y vienen. Estamos en un país que siempre se escupe a sí mismo. Estoy convencido de que si la Tauromaquia fuese cosa de Estados Unidos, los niños estarían toreando por las calles en todo el mundo. De hecho, hay países que podemos creer que sean más antitaurinos, y después te sorprenden porque tienen interés. Los estadounidenses tienen mucha aceptación de la Tauromaquia y tienen menos complejos de los que tenemos en España. Pero como es algo español, pues ese defecto de no ver las bondades de lo nuestro no es único relativo a la Tauromaquia, sino que es en general. Es una carga que tenemos los españoles.


- Incluso la expresión "Fiesta Nacional" dicen muchos, también aficionados, que viene del franquismo. Cosa que no es así, es anterior a esta época.
La fiesta de los toros se ha querido enlazar a la derecha y al franquismo, cuando es un asunto que viene de cientos de años. La Fiesta no es nacional ni geográfica ni políticamente. Parece mentira que haya que decir esto, pero uno de los mayores estereotipos que se generan en torno a la gente del toro es que somos algún tipo de fachas. La mitad de España está interesada en la Fiesta de los toros, que es lo que dice el Ministerio de Cultura. Esto es una fiesta del pueblo y el pueblo lo es todo. Eduardo Arroyo, reciente y tristemente fallecido, uno de los artistas contemporáneos más interesantes que ha dado este país, aficionado y Ureñista hasta las cachas, ha estado exiliado media vida en París. ¿Acaso es un tipo de facha? Ocurre una cosa. La gente de los toros siempre ha estado más o menos enfrentada al poder. De hecho, la historia del toreo a pie nace cuando desde la Corte se prohíbe a los nobles alancear a los toros porque se consideraba que era algo que iba contra el progreso, que era algo sucio. Y el pueblo tomó las riendas de su fiesta. Arrancó el toreo a pie del que bebe el toreo actual. Siempre hemos estado en la rebeldía y fuera del sistema. Venimos rodando de generación en generación desde hace cientos de años. Somos gente proscrita, prohibida, y nos han intentado quitar nuestra libertad Reyes, Gobiernos y Papas. Nunca lo han conseguido pero siempre hemos estado al margen del poder porque han considerado que éramos una gente incontrolable. Eso cambia, sobre todo, cuando Francisco Franco lo que hace en la dictadura es apropiarse de los símbolos de la cultura popular para así fortalecerse. Algo totalmente estratégico. Desde el punto de vista de la dictadura, liga lo español a los toros, al flamenco y al fútbol. El flamenco y el fútbol están liberados de esa tacha, del ser de derechas o izquierdas. Los toros todavía siguen cargando con toda esa lacra, que no es tal y, además, los partidos de la izquierda de manera irresponsable siguen cargando contra ese estereotipo. A mí me da mucha pena que personas de la izquierda, que tienen el mismo derecho a votar que las personas de la derecha, no puedan votar a sus partidos porque están en contra de la identidad suya y de la Tauromaquia. Están discriminados por los partidos de la izquierda porque no pueden participar en una vida política normal en la que uno puede votar a Vox, PP, Ciudadanos. Partido Socialista, Izquierda Unida o Podemos, por una cosa que no tiene absolutamente nada que ver con la política.


Continuará...
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