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Hasta llegar al bombo
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Hasta llegar al bombo

Desde que Casas hizo público el “bombo”, está en todos los debates. El modelo no contenta a casi nadie, ni partidarios ni detractores. Humo, farsa, rebaja... y así todo. A mi parecer, quizá el debate deba estar más centrado en cómo se ha llegado hasta aquí y en lo que pretende. No es un modelo que vaya a permanecer sino una forma de agitar. Habría que remontarse a tiempo atrás, a esa burbuja de bonanza...

lunes 25 de febrero de 2019, 10:03h
Desde que Casas hizo público el “bombo”, por llamarlo de alguna forma, está en todos los debates. El modelo elegido por Monsieur Domb no contenta a casi nadie, ni partidarios ni detractores. Humo, farsa, rebaja... y así todo. A mi parecer, quizá el debate deba estar más centrado en cómo se ha llegado hasta aquí y en lo que pretende. No es un modelo que vaya a permanecer sino una forma de agitar.

Nunca se les había dado tantas concesiones a las figuras del toreo. No es de ahora, habría que remontarse a tiempo atrás. Sumidos en una burbuja, tiempos de bonanza desperdiciados por un sector impulsivo y sin plan o planes para el futuro, ensimismado por una prosperidad artificial y un aluvión de subvenciones principalmente municipales, fue incapaz de aprovechar el esplendor para solidificar sus cimientos. Los problemas no se veían venir cuando pueblos subvencionados cambiaban sus novilladas por corridas de lujo o circos mediáticos. Mientras tanto, agazapados a la espera de su oportunidad y fuertemente financiados desde el extranjero, el mundo animalista afilaba las garras. Ganaderos adalides de la bravura moderna vendían desecho a precio de Diano resucitado a ladrilleros con concepto pasado por puro y güisqui mientas otros se resistían a perder exclusividad con vistas a tener refresco futuro.

En el 2007 se desata la tormenta perfecta que reduce a la nada un sector sin tejido ni costuras. Sin subvenciones los pueblos se resisten a volver al cemento sin nombres con glamur en los carteles. Los animalistas saltan a la yugular mientras políticos cambian los callejones por prohibiciones de Barcelona a Tordesillas. Los ladrilleros desaparecen, vacadas reducidas al mínimo con la temida consanguinidad al acecho.

Mientras sucede todo esto, las figuras se mantienen unidas y ejercen su derecho adquirido y en algunos casos otorgado para defender su estatus. Toda la vida las figuras han hecho lo que han querido, pero siempre dejando espacio para las concesiones de la afición más exigente y de las necesidades del sector. Responsabilidad, vergüenza torera, respeto (ese al que tanto apelan) y, por qué no decirlo, temor a la afición más feroz. Todo eso ayudaba a mantener un equilibrio. Ese equilibrio que venía dinamitándose desde finales de los noventa. Siempre en el pasado la afición ha querido más y quería que la proeza de Gallito con los de Contreras se repitiera con Miuras.

La ocasión desperdiciada en los años de esplendor para convertir público en afición pasaba factura. No hay que olvidar que el público es mayoría, pero en gran medida es el aficionado el que ayuda a producir un efecto llamada. Los empresarios acomodados y sin afición ni visión se alinean con las figuras como modo de supervivencia. Las concesiones a las figuras se van sucediendo mientras crecen los lamentos por un campo bravo del que caen nombres históricos cada invierno, desde Atanasio hasta el Conde de la Maza pasando por Guardiola y tantos otros. El argumento de la supervivencia de los más fuertes puede ser cierto en un concepto de bravura muy unidimensional y hasta discutible. Pero tan cierto es eso como que que a muchos hierros con la reducción de festejos y camadas no se les dio pie para que hubiera recuperación. En un alivio sin precedentes las figuras han armado un argumentario triste y egoísta para no colaborar en la ayuda de recuperar hierros y encastes debilitados por la reducción de festejos, exigencias sanitarias y demás problemas de los últimos años. En su derecho están, como quienes quieran reprochárselo.

La educación recibida por el público ha sido devastadora. Si la expectativa del público pasa por las eternas y monótonas faenas que predominan en la actualidad es porque no se les ha mostrado nada mas allá. La evolución ha resultado en una reducción donde todo lo moderno devoró lo clásico. La muleta se comió al rito.

Para defender su caché y su estatus, las figuras que nunca se apoyaron en los hierros con los que se anunciaban, se basaron en su agrupamiento ahogando cualquier posibilidad de un refresco en el escalafón. Sólo la irrupción de Roca Rey, incontenible, rompe el embudo creado. Porque convendría recordarles que es el peruano quien en gran medida está ayudando a que mantengan sus desorbitados cachés. Cachés y exigencias que ha terminado por ahogar al empresariado.

Todo atisbo de regeneración pasa por la retirada de quienes mandan. Ideas cada vez más extendidas de que sean jóvenes o novilleros quienes abran carteles pasa por alto que la responsabilidad también va en el caché. Si Mazzantini consiguió el sorteo, no fue en beneficio del más fuerte sino más bien al revés, una contestación a los abusos de Guerrita. Las exigencias se han tornado en caprichos que lo abarcan todo, hasta la televisión. El canal temático, como antes pasó con semanarios y portales, ha pasado a ser más un canal de comunicación y autobombo al servicio de un sector que dio la espalda a su cliente más fiel.

Durante más de una década el sector empresarial, plegado al interés de unos pocos con unas comisiones que no dan para todos, ha creado un sistema que nació quebrado y ha terminado ahogado. Asfixiados han ido cayendo Choperas, Choperitas y ahora Casas. Y este último busca reducir al monstruo que han engordado durante años. El gatito se tornó en tigre. El bombo es eso, es el antepenúltimo cartucho para recobrar la normalidad que garantice la permanencia. Todo es un burdo intento cargado de mentiras, de los unos y los otros para dinamitar un sistema que ellos han creado y quebrado. Empresarios y figuras crearon una alianza envenenada que ahora Casas quiere dinamitar desde dentro con el pseudo bombo. El bombo no va de ganaderías ni de justicia, Casas sabe que en el argumentario de las figuras esto atenta contra su dignidad. Hoy este bombo, mañana otro bombo menos amable. La realidad es que es una lucha de poder y económica a lo que hace tiempo es insostenible.

Es innegable que los aires de cambio que se avecinan en los próximos años provocan también cierta esperanza entre el empresariado taurino. Una vez vayan retirándose el ramillete de figuras actuales se abrirá un margen de maniobra para crear un modelo nuevo. Algunas de las cosas perdidas serán difícilmente recuperables, pero volver a crear clases medias (taurinos, toreros, ganaderos) debe de ser una prioridad. Clases medias abolidas y sustituidas por cromos y comisiones. No sería de extrañar que la siguiente generación pague muchos de los platos rotos de los abusos de la clase dominante actual y no les será tan fácil imponer sus condiciones como los actuales.

Habrá que esperar a ver como sale el invento. El revuelo armado por 10 puestos donde todo queda pendiente de remate. Si los 20 puestos restantes son por méritos o comisiones. Cuál será la apuesta para las otras 24 tardes. Si la presencia de Roca Rey se reduce al bombo o hará el paseíllo 3 o 4 tardes. Las ausencias de El Juli y Manzanares pesarán menos que la de Talavante que es quien verdaderamente ha cargado con el peso del abono en Madrid. La chapuza del bombo es eso, un acto de desesperación tras años de equilibrios rotos que conviene restaurar. Sólo se podrá valorar con el resultado final, pero de la feria.
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