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Órdago y compromiso de Emilio de Justo VS “figuras” de hoy
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(Foto: Las-Ventas.com)

Órdago y compromiso de Emilio de Justo VS “figuras” de hoy

De Justo ha decidido pedir en Madrid las ganaderías de Baltasar Ibán y Victorino Martín. Las figuras, y algún que otro torero, deberían decir "¡pues con la de Baltasar nos vemos!", algo que mejoraría nuestra visión sobre ellos. Porque con esos duelos repletos de hombría, transformarían esa realidad cada vez más triunfalista y alejada de muchos aficionados.

miércoles 06 de marzo de 2019, 13:21h
Hace unos días saltaba la noticia de que un torero, casi olvidado por las vorágines taurinas, ha decidido convertirse en figura del toreo (con el sentido que ha tenido esa acepción durante toda la historia de la Tauromaquia). Esta descripción hoy día y desde comienzos del siglo XXI ha pasado a ser utilizada para referirse a toreros con inmenso poder y oficio (pero que no quieren desarrollar más allá de los esfuerzos con las ganaderías que conocen al dedillo), gran convocatoria y muy bien vendidos por una prensa (salvo excepciones), que los necesita para seguir viviendo a golpe de click en sus pomposas crónicas y así ver las publicidades de otros diestros y ferias que todavía pagan el "impuesto revolucionario".

Emilio de Justo ha decidido pedir en el “Madrid del Bombito” las ganaderías de Baltasar Ibán y Victorino Martín. Ahí queda eso. Uno que, aunque se ha dado de bruces una y mil veces contra la puerta cerrada de la esperanza, creyó, ilusamente, que esos que llaman figuras del toreo y que antaño se lo ganaron, iban a recoger el guante y darnos toda una satisfacción de grandeza en la Fiesta de los Toros. Pero, volvió a caer mi expectación y ánimos de recuperar la confianza en esos hombres. Volví a verlos como outsiders con respecto a dos de los principios básicos de la Tauromaquia: la competencia y la Torería.

No creen que, con esos gestos, esos duelos repletos de hombría y nobleza, transformarían esa realidad cada vez más triunfalista y alejada de muchos aficionados (entre los que me encuentro). Decir al bueno de Emilio, "Ah, ¿sí? ¡Pues con la de Baltasar nos vemos!", mejoraría nuestra visión sobre las figuras. Es más, es que quiero que cambie para bien, quiero creer en ellos porque pertenecen al Olimpo de mis ídolos, pero de momento se han ido cayendo al Hades del triunfalismo con las mejores condiciones posibles y un ganado que ofrezca cuantas menos complicaciones mejor.

Su compromiso es nulo más allá de sus fervientes seguidores y apasionados cronistas. Se limitan a lidiar con las circunstancias más favorables desde una posición distanciada del aficionado y encuentran una Tauromaquia tan "amable" que sus triunfos, la mayoría de las veces, tienen la poca transcendencia que merecen. Ese no salirse del cliché de ganaderías y parabienes ha hecho que su valoración para muchos caiga a pasos agigantados.

Emilio de Justo nos ha devuelto la ilusión por las tres palabras "Figura del Toreo". Con esos gestos hemos vuelto a creer que el toreo no es un lugar común, una atonía. Nuestra admiración va hacia alguien que está hecho de compromiso. Ese compromiso ha vuelto a hacer historia, ya casi olvidada. El toreo, para muchos, surge por la pasión y la valentía de no tener miedo a enfrentarse a nada y triunfar o fracasar. Sólo tengo palabras de agradecimiento hacia el torero extremeño por hacerme volver a enloquecer por lo que puede ser una Figura del toreo, pero ¡leñe!, también quiero enloquecer con los que tienen "el cazo por el mango". Pero no quieren, van en paralelo. Y yo, cada vez cerrando más la ventana desde donde poder verlos.
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