www.purezayemocion.com
(Foto: Elpais.com)
(Foto: Elpais.com)

El ruedo político

La Tauromaquia se convierte en política cuando los miembros de los partidos o estos en bloque piden su prohibición y, en muchos casos, cuestionan el nivel intelectual y ético de los profesionales y aficionados. Es la hora de dar el salto al ruedo político.

miércoles 03 de abril de 2019, 11:22h
No se me ocurre mejor representante político que un torero para defender los intereses de la Tauromaquia en la Cámara Baja de las Cortes Generales. Lo raro es que la idea haya surgido en 2019 y no en los años previos a la aprobación de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) en el Parlamento de Cataluña que, más allá de posterior la intervención del Tribunal Constitucional, acabó con las corridas de toros en dicha Comunidad Autónoma. Como es sabido, Miguel Abellán (nº 12 del Partido Popular por Madrid), Salvador Vega (nº 11 del Partido Popular por Málaga) y Serafín Marín (nº 3 de Vox por Barcelona) formarán parte de las candidaturas al Congreso de los Diputados que se presentan a las Elecciones generales del 28 de abril.

Siempre se ha dicho que la Fiesta pertenece al pueblo y que no entiende de ideologías, puesto que no existe mayor democracia que la vista en una plaza de toros. Eso es cierto: allí se juzgan los méritos, como hace el ciudadano al votar cada vez que es requerido a las urnas. Protestar o pedir los premios son actos de libertad tan válidos como el voto ejercido sin coacción de ningún tipo. Pero estas analogías no significan que lo sucedido en una tarde de toros sea un exemplum que sirva para enseñar el funcionamiento de la «forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos» según la primera acepción del Diccionario de la Lengua Española para «democracia». Por lo tanto, la Tauromaquia no es una cuestión política. ¿O sí?

La Tauromaquia se convierte en política cuando los miembros de los partidos o estos en bloque piden su prohibición y, en muchos casos cuestionan el nivel intelectual y ético de los profesionales y aficionados. De poco sirve que un torero diga –como sucedió hace años– que invitaría con gusto al líder político de un partido declarado antitaurino a una finca para que conociera el mundo del toro desde dentro. De poco sirve que varios políticos de dos partidos salieran a hombros en la última corrida de la Monumental de Barcelona si para el grupo de uno la memoria es frágil y para el de otro es posible acabar con expresiones taurinas en otras comunidades de, incluso, mayor arraigo que Cataluña.

La ocasión es perfecta porque, si se hace posible y alguno de los tres consigue un escaño, podrá actuar como conciencia de toda la afición en el mayor foro que tenemos los españoles. Porque la llegada de Abellán, Vega y/o Marín no supone sólo que un torero ocupe un escaño como diputado. No deberíamos olvidar que los diputados representan a todos los españoles y, en un escenario cada vez más fragmentado y plegado a intereses concretos, ellos representarían a todos los españoles pero, especialmente, a los aficionados taurinos.

La Tauromaquia es política, sí. Sobre todo cuando se celebran las manifestaciones de un fingido resistente en un programa de televisión en el duermevela de una tarde de septiembre para manifestar su rechazo a los toros. Y poco me interesa la presencia de los líderes de los partidos en la plaza, que levantan los aplausos de los tendidos cuando estos detectan su presencia –la mejor encuesta es la presencia espontánea de un político en un acto público para medir su popularidad–. Es bueno recordar en este punto que ya hubo políticos contemporáneos que un buen día fueron a los toros y, cuando no les convino, desaparecieron de los toros. Puede volver a ocurrir.

La Tauromaquia no pertenece a la derecha ni forma parte de un todo incluido con el resto de tradiciones y liturgias que se asocian a este sector. Ni ser de izquierdas debe llevar, a priori, a formar parte de las filas del movimiento antitaurino. Si un torero deseara presentarse en las listas de cualquier partido de diferente signo a los arriba mencionados, sería tratado igual que los tres nombrados y desearía que consiguiera su escaño. Pero huelga decir que los nombres de los de luces están vetados en la mayoría de las formaciones políticas de este país. Como la Fiesta de los Toros. Por estas razones, la Tauromaquia es política. Y, por lo tanto, ha llegado la hora de dar el salto al ruedo político.


Por Jesús Guzmán Mora
Doctor en Literatura Española
Leer más artículos de este autor
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(8)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

Foro asociado a esta noticia:

  • El ruedo político

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2813 | Lolo - 03/04/2019 @ 12:19:17 (GMT+1)
    Los políticos Rivera y Luna no salieron a hombros la última tarde de toros en la Monumental. Fue en la Feria de la Mercè de 2010. Es un dato únicamente que se repite erróneamente en la inmensa totalidad de artículos referidos a esa anécdota. Quizás sea porque a muchos periodistas, políticos, aficionados y demás se la trajera al viento la prohibición taurina catalana. O no.

  • Normas de uso

    Esta es la opinión de los internautas, no de Pureza y Emoción

    No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

    La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

    Tu dirección de email no será publicada.

    Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.