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Los principios del toreo. Honestidad y verdad.
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Los principios del toreo. Honestidad y verdad.

En alguna ocasión algún amigo me ha preguntado (con tono de reproche), ¿quién dice cómo se tiene que torear? ¿Quién eres tú (o sois vosotros) para decidir que hay una manera correcta de torear y otra incorrecta? Con toda la humildad, pero con toda la rotundidad: efectivamente, hay una manera correcta de torear y no se puede torear de cualquier manera. He aquí algunas de las claves para que usted distinga entre el toreo verdadero y el que no lo es.

jueves 23 de mayo de 2019, 12:33h

Si bien es cierto que cada aficionado tiene sus gustos, no lo es menos que la manera en la que se torea es una cuestión esencial en la justificación de la existencia del toreo, tan puesto en el punto de mira en estos tiempos de sensiblería y pseudoanimalismo urbanita. No se puede torear ni matar al toro de cualquier manera. Desde su origen la tauromaquia tiene unos principios basados en gran medida, además de en la naturaleza y comportamiento del toro, en un fundamento ético (que tiene unas consecuencias técnicas y estéticas). El cumplimiento de dichos principios debe ser para el aficionado la verdadera prueba del algodón para afirmar si lo que está viendo es “correcto” (honesto y verdadero) o no lo es.

El concepto o la idea esencial en la que se basan los principios del toreo es: ayudar al diestro a torear ofreciéndole seguridad (el toreo no es un suicidio) pero sin hurtar ni una sola ventaja al toro. Es decir, honestidad y verdad. Es dicho contenido ético el que hace del toreo un enfrentamiento honesto, y de la muerte pública del toro un sacrificio con el que se honra con admiración la combatividad de un animal totémico. Es en la ética donde los aficionados debemos enfatizar la defensa de la corrida de toros puesto que ésta (incluso por delante de la estética, economía o ecología) es el mayor argumento para justificar la existencia de la tauromaquia. Es en el cumplimiento de dichos principios por parte del torero donde radica la auténtica y emocionante belleza del toreo.

Me perdonarán que en este artículo me sirva de los conocimientos y sapiencia de Don Rafael Cabrera, que en el libro de “Tauromaquias vividas” (CEU Ediciones) compuesto por breves artículos de diferentes autores, detalla con claridad y sencillez lo que vendrían a ser los principios del toreo. Así que, siguiendo el muy interesante texto de D. Rafael, aunque con aportaciones personales, les haré una breve explicación de los conceptos que fundamental y esencialmente componen dichos cánones. Cánones que se instauran desde la aparición misma del toreo con la Tauromaquia de Pepe Hillo y de Montes, hasta la actualidad, habiendo sufrido algunas modificaciones o matizaciones pero perdurando el contenido esencial de su justificación y fundamentación. Honestidad y verdad.


Rectitud en la colocación del torero frente al toro


Todos los tratados en materia taurina establecen la rectitud como la colocación correcta y adecuada del torero para enfrentarse al toro. La manera más honesta de enfrentarse al toro es colocándose el torero enfrente de él. Primero, porque al enemigo en la batalla uno se le dirige de frente. Y segundo, porque el toro es un animal que embiste recto y que debido a su condición de cuadrúpedo y la conformación de su larga y horizontal columna vertebral tiene una gran dificultad de girar sobre su mismo eje (movimientos laterales). Por lo tanto, colocarse en la pala del pitón y girar desde allí, sería una actuación basada en una ventaja poco honesta. Además, el contenido y objetivo del toreo es enfrentarse al toro para dominar su embestida. Torear por lo tanto no se trataría de acompañar la embestida del toro. Sino de desplazarla, modificarla de su rectitud natural y convertirla en curva. Es decir, someter la trayectoria natural y atávica del toro a la voluntad racional del torero.


Distancia
La distancia entre el toro y el torero suele tener relación con colocarse en rectitud al toro. El toreo encimista, tal y como decía Marcial Lalanda, suele ir unido al toreo desde la pala del pitón y al toreo paralelo. El toreo paralelo consistiría en que el diestro se coloca en la pala de uno de los pitones del toro y cita con la muleta en el otro pitón, embistiendo el toro a la muleta (puesto que como es sabido el toro embiste al movimiento) y desarrollándose el muletazo en línea paralela respecto al cuerpo del torero.


Manolo Vázquez decía que debe haber suficiente distancia entre el toro y el torero para que el diestro pueda realizar lo que él denominaba los tres tiempos del toreo: traer al animal, llevarlo toreado y vaciarlo. Para eso, tal y como establecían toreros tan clásicos y ortodoxos como Rafael Ortega y Antoñete, se debe citar con la muleta adelantada, para que el pase sea de mayor longitud y de mayor estética y plasticidad. Y también más meritorio, porque al haber mayor longitud hay más mando y el torero lleva toreado al toro una mayor distancia y un mayor tiempo. Siendo el citar con la muleta retrasada una ventaja. Además, con un toro encastado es imprescindible colocar la muleta delante del cuerpo porque cumplirá así el engaño una de sus funciones, que es tapar el cuerpo del torero y protegerle de la embestida del toro.


Si decíamos que la rectitud tiene que ver con la distancia, estos dos elementos también tienen que ver con la postura del cuerpo del torero en el cite. Si los manuales antiguos decían que el torero deberá estar “cuadrado” con el toro (recto y dando los frentes), la evolución de los cánones admite el medio perfil, pero nunca el perfil completo que impide anatómicamente que la muleta no esté nunca más adelantada que la pierna de entrada del torero y que por lo tanto no se dé el ya comentado desplazamiento en la rectitud natural de la embestida del toro. El medio perfil lo reivindicaban toreros como Marcial Lalanda o también Rafel Ortega, el cual afirmaba: “Todo toreo es bonito y bueno, lo mismo toreando de frente con los pies juntos que con el compás abierto. Sin embargo, en mi concepto lo más puro es dar el medio pecho, con el compás abierto lo justo –ni mucho ni poco- para cargar la suerte apoyando el peso sobre la pierna contraria”.

Todo ello lo relacionaba (distancia, colocación del cuerpo y adelantamiento del engaño) Manolo Vázquez para afirmar: “Lo fundamental del pase natural de frente es la colocación y la distancia. Éstas deben ser las justas para que, sin que el toro alcance la muleta, el torero pueda ejecutar los tres tiempos. Traer al animal, llevarle toreado y vaciarle. ¿Cómo se hace? Hay que colocarse de frente, para poderle echar al toro la muleta delante y vaciarle con un suave giro de muñeca, de cintura y de pecho, no en línea recta, sino describiendo una semicircunferencia en la que se obliga al toro a que gire y se enrosque alrededor de uno”.


Como ya hemos dicho, la existencia de distancia en el cite, la colocación en rectitud y la presentación de la muleta delante del cuerpo vienen relacionadas entre sí. Normalmente, cuando no se cumple una de las condiciones no se cumple ninguna. Toreo encimista, en la pala y con la muleta retrasada suele ir junto.


Cargar la suerte

Después de muchas consideraciones, conclusiones y opiniones, podemos sintetizar en que cargar la suerte, más allá de sesudos requisitos técnicos anatómicos, es una sensación. Una sensación de dominio e imposición de la voluntad del torero sobre la embestida del toro, que se percibe cuando el torero entre muletazo y muletazo avanza ganando terreno al toro. Ello también tiene una evidente perspectiva ética. En la batalla un contendiente valiente y honrado no debe retroceder o huir nunca, hacerlo es un hecho vergonzoso. Sirva como ejemplo el tópico que se decía antiguamente: en una plaza de toros el único que va vestido de luces y puede retroceder es el torilero (cuando abre la puerta). Se refiere a la época en que el torilero de Las Ventas iba vestido de luces.

Pues bien, para avanzar entre muletazo y muletazo y ganar terreno al toro, se exige imprescindiblemente que la pierna de salida se adelante (o cuanto menos no se retrase). Además, el hecho de adelantar la pierna lleva consigo de manera inexcusable que se apoye el cuerpo en ella. Que haya por lo tanto ese desplazamiento de peso entre pierna de entrada y pierna de salida, el cual ha sido utilizado de manera un tanto espuria por algunos profesionales y sus adláteres como excusa para decir que se carga la suerte aunque se retrase la pierna. Retrasando la pierna se descarga la suerte por muchos ejercicios de equilibrio que el torero haga desplazando el cuerpo en la pierna de salida (más bien pierna de huida). Me refiero por ejemplo a los famosos vídeos de Joselito (Arroyo) explicando el “cargar la suerte” en una ortopédica teoría del peso en la pierna de salida (o de huida). Vean aquí el vídeo y los curiosos equilibrios de Joselito (a partir del minuto 6:20).

O el vídeo de Manzanares, que justifica estar en la pala y retrasar la pierna por una cuestión geométrica cuando minutos antes ha dado el consejo de que el torero no debe colocarse nunca sobre la vía del tren (deducimos que se refiere a colocarse “en la trayectoria de la embestida”, con lo cual ya se ha delatado él mismo) (A partir del minuto 3:45).

Las teorías que explican los referidos matadores en ambos vídeos nos suenan a excusas autojustificativas.

Es fácil percibir la sensación de la que les hablamos cuando un torero adelanta la pierna y carga la suerte. Retrasando la pierna (descargando la suerte) se deshace un ovillo (o se desenrosca un tornillo). Cuando cargar la suerte es todo lo contrario, apretarlo. Y cuanto menor es el radio del giro del toro, más apretado es el toreo y más meritorio es.


Tal y como hemos dicho anteriormente, el toro embiste en rectitud y por su naturaleza cuadrúpeda y la longitud y estructura de la columna vertebral, le cuesta realizar los movimientos laterales. Por lo que, cuando este radio de giro del toro es menor, la ligazón es más exigente y el toreo será más dominador, habrá más sometimiento y será además más arriesgado al haber más ceñimiento y por ende más mérito (también se quebranta más al toro).


La ligazón del toreo en redondo
Si la trayectoria del toro en el toreo debe ser curva, avanzando el torero sobre la embestida del toro y con mayor mérito cuanto menor es el radio de giro, hay que enfatizar que los muletazos deben tener un principio y un final. Deben tener un desarrollo y una terminación. Es decir, deben rematarse. No vale ligar girando, dejando el trapo en la cara del toro, en un muletazo encadenado (y no ligado) en el que el toro acomete ciegamente, tapada totalmente su visión con el trapo. Eso, además de ser muy poco estético, también falta a la ética porque elimina las ventajas al toro, se le obliga a embestir “ciego” siguiendo la muleta de manera ininterrumpida sin que haya un cite en el que el toro pueda ver al torero y éste le desplace modificando su trayectoria.

Y, ¿dónde se debe rematar el muletazo? Pues detrás de la cadera o en la espalda del matador. Es decir, se deberá dejar al toro en el lugar opuesto en el que se inició el muletazo. ¿Y cómo? Pues con naturalidad y verticalidad. Nada de doblar el cuerpo extendiendo el brazo llevando al toro con el pico de la muleta para dejarlo lo más lejos posible (y pasando los pitones lo más lejos posible del cuerpo del torero). El lugar de remate del muletazo en la espalda o detrás de la cadera, además de demostrar un mayor dominio del matador y un mayor riesgo (siendo el radio de curva escaso), es el lugar idóneo para ligar, adelantando tan sólo la pierna de salida y volviendo a citar el torero sin tener que corregir la colocación de sus pies (que si se hace tampoco pasa nada, todo es mejor que descargar la suerte en un horroroso tiovivo de muletazos descargados no rematados y encadenados espuriamente).

Comparen ustedes mismos las siguientes fotografías:


La suerte de matar
La forma de matar es esencial, por algo se le llama suerte suprema. El toro debe ser sacrificado de la forma más honesta posible para honrarle en la muerte. Sólo una ejecución escrupulosa y rigurosa en la forma de entrar a matar justifica la muerte pública del toro en estos tiempos de hipocresía pseudoanimalista urbanita.

Tomás Campuzano se diferenciaba de sus compañeros por dos cuestiones: la primera porque toreaba con el estoque de matar todo el tercio de muleta; y la segunda porque a la hora de perfilarse para entrar a matar adelantaba el brazo separándolo del cuerpo y “echándolo” por delante. Como pasa habitualmente, sólo se imita lo malo y fue lo segundo lo que ha perdurado e impuesto de manera casi unánime entre sus compañeros. Tirarse a matar con el brazo por delante constituye una ventaja.

Se trataría como, para explicarlo de una manera gráfica, si en uno de esos combates medievales que salen en algunas películas en los que dos caballeros a caballo con escudo y portando lanzas se enfrentan recorriendo una distancia hasta encontrarse en un punto medio con el objetivo de descabalgar al adversario con la lanza, uno de los contrincantes fuese con una lanza de metro y medio y el otro con una espada o una lanza de medio metro. ¿No estaría abusando de una ventaja el de la lanza frente al de la espada?


Es por ello que la mano que porta la espada debe situarse debajo de la barbilla o al lado del pecho del matador (de ahí el tópico de que los toros se matan con el pecho) para realizar la acción de estirar el brazo cuando se llega al cuerpo del toro (dando el “puñetazo”) y no tratando de introducir el estoque por inercia cinemática tirándose con el brazo estirado por delante.

Además, se debe acometer a una distancia media (más corta que larga –“en corto y por derecho”-) y en rectitud, desviándose levemente el torero para salvar el pitón derecho del toro al “cruzar” sin saltar (todas las suertes del torero se hacen con los pies en el suelo, lo contrario es una ventaja) y citando al toro con el estaquillador de la muleta en perpendicular a la testuz del animal para descubrir la muerte (eso Roca Rey lo hace perfecto, fíjense). Si se hace con el estaquillador en paralelo estaremos ante lo que se conoce como “telonazo”, que tiene como objetivo no citar al toro para que “descubra” la muerte sino taparle la visión mientras se le apuñala deshonestamente.


Como se ve, todo ello tiene esencialmente una justificación técnica ética. No se puede matar de cualquier manera ni deshonesta puesto que ello es vaciar de sentido la corrida de toros. La única justificación para el sacrificio público del toro en una corrida es que se le sacrifique de manera honesta y honrosa. Sólo puede matar al toro el que honestamente pone en juego su vida.

Por último, no hace falta decir que el toreo no son matemáticas, lo dicho aquí se corresponde a una situación paradigmática en la que el torero tiene enfrente a un toro boyante (como se decía antes). Es decir, noble y con recorrido. Si no las ventajas aquí referidas pueden ser consideradas como lícita y legítima técnica. Si un toro no tiene recorrido, no se podrá adelantar la muleta. Tampoco queremos pecar de un excesivo dogmatismo, puesto que nos podrán decir ustedes aquello que les dijo Guerrita a los críticos taurinos que se encontraban reunidos en el Hotel Ritz de Madrid: todo lo que dicen ustedes en sus libros está muy bien pero hay un problema, que los toros no los leen.

Así que lo dicho. Estamos dispuestos a cambiar o matizar todo lo aquí explicado y razonado (si alguien nos convence) pero recuerden que el convencimiento se logrará siempre que la fundamentación de las modificaciones o impugnaciones se basen en dos principios inquebrantables e imprescindibles que deben guiar la corrección del toreo para hacerlo legítimo y auténticamente bello: honestidad y verdad.


Por Joan Adell Mas
Aficionado
Abogado
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2821 | JOSE MANUEL - 24/05/2019 @ 01:45:35 (GMT+1)
    De lo mejor que he leído en los últimos años sobre tauromaquia compañero. Un abrazo y muchas gracias por tu valiosa y dogmática aportación.

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