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Fotos: Andrew Moore
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Más que un relevo

Roca Rey vs Pablo Aguado. Hay miedo a ponerlos frente a frente, a que el uno aplaste al otro. Pero las armas son distintas, distintos palos. Además, el a priori mediocre San Isidro ha cogido aires de cambio. Ahí están los nombres de Román, Emilio de Justo, David de Miranda... Pero el relevo debe ir más allá. El cambio se debe notar.

lunes 03 de junio de 2019, 09:45h
Todo transcurría bien, pero con monotonía. No había nada nuevo. Hasta el viernes de farolillos. Dos ratitos que le cambiaron la vida a Aguado y la cara a la temporada. El cacareado relevo. El a priori mediocre San Isidro cambiaba y cogía aire, aires de cambio. La primera semana tenía a Cortés, Galdós, Galván, Ortega, Román, Lorenzo y Ginés y les seguían Chacón, De Justo, De Miranda (con el que en principio pocos contaban). Por partes.

Para empezar esa misma tarde de farolillos fue la primera en 3 años donde Roca Rey pareció sentir kryptonita. Del arrollador toreo en su primero al frustrado de su segundo. Pero también el clasicismo y la inspiración frente a la regularidad del poderío. Hay miedo a ponerlos frente a frente. Parece que hay miedo a que el uno aplaste al otro, el Limeño al Sevillano. Pero las armas son distintas, distintos palos. La regularidad, a veces en estos casos, es un arma de doble filo porque la paciencia y expectativa del público es distinta. El hartazgo del triunfo del fuerte, del regular, ayuda al que quizá lo sea menos. Ya en Madrid, antes de la conquista, Aguado mostró hambre para fajarse con el incierto y cabroncete Algarra. Porque todavía no le vale el dejar pasar al malo. Faltan alicientes después de más de una década sumidos en el conservadurismo de una agradable convivencia. Que el uno saque al otro de la zona de confort y los tendidos se llenen de partidarios. Son dos palos distintos, falta ver quién competirá con ellos por el mismo palo.

En Madrid han pegado los dos. Con Aguado se entregó Las Ventas, Roca Rey reventó la Puerta Grande. Y llegaron los Adolfos. Cuántos tópicos desmontados, de los unos y de los otros. Primero si Roca Rey no podría y pudo, sin arrucinas ni similares, pero pudo. Hagan sus lecturas. Luego el otro lado de la moneda, torear lo que embiste. Pues embistió. Fue en la primera mitad donde vimos quizá por qué no es de su agrado. Mal rato. La ausencia de capotes a la espalda y demás artificios es significativa. En tres días de Albaserradas sólo los cambiados por la espalda de Escribano. Las tres ganaderías cárdenas que celebraban el centenario de su casa madre han dejado buen sabor por distintos motivos, como La Quinta. Con sus cosas, todas dejaron claro que son válidas para dar un espectáculo de categoría. Que tomen nota.

El paso por Sevilla de Aguado había dejado el de Lorenzo y Ginés en mal lugar. Peor el del segundo. Porque de la tarde de Aguado se ha dicho mucho pero poco de que no se trató de un gran lote. Tampoco lo tuvieron Ginés y Lorenzo, que han tenido muchos más lotes, pero las ganas y la inspiración fueron otras. No poder ni dejar pasar la ocasión. Lorenzo en su paso por Madrid parece no haber oído el toque de corneta. A la fría facilidad le ha faltado corazón, inspiración y apretarse con el toro. Antes del segundo zambombazo de Aguado, Ginés pareció más motivado, con más arrojo. Pero los cabezas del pelotón, a mitad de San Isidro, están en entredicho. Víctimas del cómodo sistema de coexistencia, una posición ganada pero no refrendada. Pueden ser víctimas del entretiempo. Su aparición en tiempos de tregua, conservadurismo y comodidad han podido menguar su ambición, y pronto lo sabremos. Pero la nueva situación les obliga y les aprieta. Lorenzo tiene que decidir si quiere estar con los que van o con los que vienen, pero son distintas formas de estar. También por aquí se puede poner a Garrido y algún otro. Muchos toros y poco que recordar.

Quedan muchos huecos. David de Miranda emergió desde las catacumbas para apuntarse al relevo cuando pocos lo esperaban. Ahí está Juan Ortega que sigue con su ambiente. Otros han vuelto a la casilla de salida. También está Román cuya feria ha sido seria, muy seria. En una semana marcada por el viento no lo utilizó como escudo. Con la de Joselito sin embestir, sin casta ni bravura, a Román le valió. Con todas las excusas disponibles, optó por lo otro, por no poner excusas. Todo arrojo y vuelta al ruedo. Sin olvidar Valencia. En Las Ventas, en la de Adolfo volvió a tragar de manera descomunal en su primero y a torear. Y bendita personalidad. De Justo torería y superación. En el otro circuito, el de las duras, emerge Gómez del Pilar, donde pierde crédito Chacón aunque le falta Cuadri. El planteamiento de Octavio era valiente, para hacerse el amo de su circuito. El de De Justo para marcar una nueva senda, valiente y comprometido.

Entre los que están, los que se tienen que sumar y los que se van, va a quedar en la temporada mucho por aclarar. Ahora hay que tener generosidad. Porque el modelo establecido, cortoplacista, de supervivencia en los años duros, ya no va. Volver a un modelo abierto, de dejar huecos para que siempre los nuevos tengan su oportunidad. Oportunidad de torear y de darse a conocer. Lo de Aguado es claro, el año pasado apuntó y se le dio el hueco. La repercusión de lo sucedido en Sevilla no sería igual con otros compañeros, algo que hay que cuidar. Volver al modelo en el que en las ferias las figuras vayan acompañadas de jóvenes con méritos o maneras. La generosidad implica renunciar o sacrificar. De Justo ha podido marcar el camino a seguir que no es otro que el de apostar lejos de la comodidad.

No sólo en el toro y en las ganaderías hay que ponerse a recuperar y poco a poco dar la oportunidad. El respeto por el rito. Por ahí habría que empezar. Cosas que se están perdiendo. Las formas afectan al fondo de todo. Anteponer el triunfo a todo ha tenido consecuencias en el rito. Pequeños detalles que se acumulan. Desde la puntualidad para iniciar los paseíllos, el desorden para hacer estos, la falta de compañerismo cuando torean compañeros, el orden y la correcta ejecución de cada tercio, el volapié. Una acumulación de descuidos que van afeando un espectáculo. Roca y Aguado en poco tiempo han pasado a ser espejos, lo que hagan y como lo hagan tendrá repercusión en los próximos años.

El relevo, el modelo de cambio debe ir mucho más allá de un elenco de toreros nuevos, que también. El cambio se debe notar. Una corrida de toros es mucho más que una sucesión de lances y pases. Y eso también es el relevo.


Por Tristán Lezama Leguizamón
Aficionado
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2824 | Aficionado - 06/06/2019 @ 00:15:55 (GMT+1)
    Es tanta la necesidad de cambio y de paradigma que la esperanza que representa Aguado la queremos hacer realidad. Pienso que es aún pronto para esa realidad. Dejemos que vaya andando y madurando hacia lugares que el "sistema" todavía no ha asimilado. El nuevo paradigma es el "torero total" y no el monoencaste. Deseo que el sistema no lo engulla y solo quede en esperanza.

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