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Los Gamero Cívico de Clairac

D. Rafael Peláez Lamamie de Clairac, representante actual, trabaja con ilusión para que la ganadería salmantina recupere el sitio en los carteles.

lunes 01 de julio de 2019, 11:49h
Para aumentar de tamaño y ver todas las fotos, hacer click sobre la imagen - Fotos: José Porcar


La ganadería de Clairac era hace unas décadas bocado apetecible de las figuras, que se acartelaban con ella en las grandes ferias. Su existencia data de 1924, año en el que D. Rafael Lamamie de Clairac adquiere para su hijo, D. Leopoldo, el hierro y la cuarta parte de la ganadería de D. Luis Gamero Cívico.

En 1925 la ganadería fue trasladada desde la provincia de Cádiz hasta tierras charras. Se hizo a pie por Despeñaperros y se tardó tres meses porque se hacía poco a poco para que las reses se fueran aclimatando. Desde entonces, la vacada siempre ha pastado en la finca “La Moral de Castro”, situada en el término municipal de Garcirrey (Salamanca). Finca charra al 100%: quebrada, con buenos pastos y con un bonito encinar.

En la actualidad está compuesta por 75 vacas y 4 sementales. De entre los machos reproductores destaca “Florentino”, marcado con el número 6, que está ligando estupendamente. Por temporada están lidiando unas tres novilladas, no con pocos esfuerzos debido a la coyuntura que vive el mercado. Los ganaderos esperan aumentar esa cifra progresivamente. Están muy esperanzados con el refrescamiento realizado con sementales de la ganadería de “Santa Teresa”, que antiguamente fue la de D. Félix Hernández Barrera, cuya procedencia es idéntica. Han refrescado con intervalos de tiempo para poder corregir los problemas derivados de la consanguinidad. D. Rafael Peláez Lamamie de Clairac, representante actual, hace hincapié en que no es lo mismo cruzar que refrescar.

Los tentaderos de la casa son muy exigentes. Ellos dan la misma importancia a la suerte de varas que a la muleta. Al caballo han de acudir de 6 a 7 veces, de menos a más, y en la muleta además de buscar lo que todos los ganaderos buscan, las reses deben tener emoción, y esa emoción que se busca la da la casta. Cualidad esta última de la que huyen las actuales “figuras”, aunque el ganadero tiene claro que ese no es su problema, que lo suyo es criar toros bravos y con trasmisión.

De las palabras que van saliendo por la boca de D. Rafael se le intuye ilusión. Nos confesó que tras estar 90 años con la misma sangre, refrescarla les ha dado cierto oxígeno. Por tanto, con el trabajo y la dedicación pertinentes (y por qué no decirlo, con suerte) ven un futuro con posibilidades. Su familia está dedicada a la ganadería desde hace muchísimos años. Su bisabuelo ya fue ganadero. La familia, ganaderamente hablando, inauguró en 1893 la plaza de toros de Salamanca, y volvió a repetir a los 100 años para la misma fecha. La ganadería ha significado siempre mucho para esta familia, por lo que D. Rafael afirma que trabajará siempre para que Clairac regrese a los carteles. Porque, por ejemplo, toreros como Espartaco se acartelaron con ella y triunfaron; o porque era una de las fijas en la Feria de Bilbao. Aunque el ganadero prefiere pensar en el futuro. Para él lo importante es que el futuro sea mejor que cualquier pasado.

Un ganadero que de pequeño se escapaba del lugar donde lo encerraban sus tías los días de tentadero. Entonces tenía sólo 6 años, y sus tías sólo querían protegerlo. "Que no sufra ningún accidente", decían. Sin embargo, su temprana afición le hacía escaparse e irse a la placita de tientas. Hasta que lo descubrían y lo mandaban de nuevo a casa, esta vez con vigilante incluido.

Se sinceró D. Rafael en nuestra visita (en la que también nos acompañó el mayoral, Ecequiel) y nos dijo que si la Fiesta Nacional cayera, no sería por los antitaurinos sino por los propios taurinos...

Para nosotros la mayoría de la prensa especializada está muy cuadriculada. Es decir, los triunfos de estas ganaderías los pasan de puntillas, mientras que la lapidan en caso de que lidien una mala corrida. No quise dejar la ocasión de preguntarle por ello al ganadero. Fue muy cauto. Piensa que hoy, al igual que antes, existen muy buenos periodistas pero que otros no están lo suficientemente preparados para ver más allá de lo que es el encaste predominante. Con lo que sí está en total desacuerdo es con ciertas retransmisiones de corridas por televisión, comentadas por un periodista y un par de toreros. Al igual que yo, cree que habría que dejar también que hablase un ganadero para defender y conocer mejor al toro. ¿Por qué? Porque en ocasiones se vierten declaraciones en su contra que son totalmente erróneas y falsas.


Por José Porcar
Aficionado y fotógrafo taurino
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