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Regreso al futuro
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(Foto: Las-Ventas.com)

Regreso al futuro

Parece que se disipan algunos negros nubarrones: este San Isidro nos ha despertado la memoria de aquellos años 60 y 70. También, gracias a Pablo Aguado hemos recuperado la media altura en los muletazos y esa naturalidad tan Bienvenidista. Otra buena nueva es la recuperación de los Pablo Romero... Si seguimos así, es posible que ganemos el futuro.

miércoles 03 de julio de 2019, 09:41h
Entre el calentamiento global, los animalistas, el desaliño político y la pérdida de referentes sociales y taurinos, ya ni el futuro es lo que era. Aunque parece que se disipan algunos negros nubarrones: este San Isidro 2019 nos ha despertado la memoria -que es el recuerdo en conserva- de aquellos años 60 y 70. Con la mitad de corridas había un montón de puertas grandes, incluso algunas tardes los tres matadores. Acabada la feria, el sanatorio de toreros ya desaparecido, se encontraba a rebosar de coletudos, como este año. Diferentes estilos y encastes. El escalafón bullía y se renovaba. El maestro de Ronda daba la alternativa a José Fuentes o Manolo Cortés con la promesa de confirmarles en Madrid, pero con la del Conde de la Corte o la corrida fuerte que hubiera. La época de Ordóñez, Rafael Ortega, Antoñete, Luis Miguel y Antonio Bienvenida que volvieron, Julio Aparicio y, como no, El Viti, Diego Puerta, Paco Camino, Curro, Paula, tantos y tantos que, cuando nos dicen que hoy se torea mejor que nunca, nos entra un poco la risa. En la actualidad a cualquier novillero se le llama “maestro”. Entonces había más de 25 figuras en el grupo especial…

Efectivamente era la mitad de toro, aunque en Madrid se lidiaban cuatreños pues en mayo no había en el campo reses rematadas para tal evento. Era un toro más chico pero mucho más áspero en su embestida y con menos recorrido. Además derrotaba, los gañafones se sucedían. Ahora embisten con el morro como para besar la muleta y gran parte sólo tienen ojos, cual novia sumisa, para la muletita de sus entretelas. Y se movían más. Ambos se movían más, torero y burel. La fiereza imponía perderle un par de pasitos para darle una distancia de protocolo, pero siempre un poco en diagonal para ganarle la cara de nuevo. También lo hemos visto en esta Feria, en astados que no se salían de la muleta o que reponían. Porque los toreros no son estacas clavadas en la arena. Saber moverse y andarle con guapeza es meritorio.

Gracias a Pablo Aguado hemos recuperado la media altura en los muletazos y esa naturalidad tan Bienvenidista. Ha sido un mágico tinte para nuestras canas. Sin esconder la pierna en el toreo ligado. Al fin de al cabo, cargar la suerte es tan sólo una cuarta de pierna de salida hacia adelante y descargarla lo mismo pero hacia atrás. Efectivamente no hay que cruzarse otra vez.

Otra buena nueva es la recuperación de los Pablo Romero -ahora Resinos- el último domingo en Las Ventas, con tres toros de nota y los pitones por encima de las monteras. El año que viene deben estar en la Feria.

Si seguimos así, es posible que ganemos el futuro… Ojalá.


Por Felipe Garriges
Escritor y ganadero
@DehesGuadarrama
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