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Madrid - Otoño

Ferrera y Tomás Rufo, triunfadores de una feria marcada por el descalabro ganadero

Buena respuesta de público. Emotiva despedida de Manuel Jesús "El Cid", sacado a hombros por los aficionados. Un abono en el que parece que taurinos y personajillos se pusieron de acuerdo en dar cera.

miércoles 09 de octubre de 2019, 09:41h

Nos llegaron a llamar imbéciles. También sensibloides. Y me incluyo aun sin sentarme en ese tendido terrorífico llamado 7. Porque parece que allí, ombligo de Las Ventas, ocurriera lo más temible del mundo taurino. Si pitan porque pitan, si aplauden porque aplauden. El caso es cargar contra el asiduo, con el que tarde a tarde acude a la plaza, con el que libremente, y en ocasiones no de las mejores formas, expresa su crítica. CDRs, becarios del 7... no importaba, el caso era arremeter contra el que paga. Taurinos y personajillos se pusieron de acuerdo en dar cera. Mientras tanto tuvimos que aguantar las chulerías de Perera, que volvió a dejar claro su sentido del ridículo, o los aplausos de cierto patrono a las ofensas de los tertulianos.

Y todo lo anterior desatado por unas protestas más que justificadas al quinto toro de la tarde del domingo. De nombre "Portugués", corto de viga, colganderas sus carnes y con cara de pobrecito. Derrapó de los cuartos traseros en varias ocasiones, y mostró claros síntomas de falta de fuerzas en sus dos primeros tercios. Milagro de Dios fue verlo galopar al trapo inteligente y poderoso del extremeño, que se gustaba al ver la sorpresa del intransigente. Listo y capaz Miguel Ángel, hubiera cortado las dos pelonas de no ser por el navajazo que le metió en el costillar. Le protestaron con razón la vuelta al ruedo. Y él lo pagó en forma de besos. Ureña anteriormente cortaría la oreja del segundo, en un mano a mano en el que faltó el toro. Hubo disputa y quites, pero ambos necesitaron oponentes para caldear el llenazo que habían preparado. Y es que la entrada mereció mucho más.

La feria ha tenido un balance positivo en cuanto a asistencia de público, en una media de 18.000 espectadores en seis tardes de gran tiempo en la capital. No fue positivo el nivel de las ganaderías, que ni en presentación ni juego llegaron a cumplir con la cita venteña. Encierros mal presentados, dispares y con ciertas sensaciones de saldo. Las sobras del año, vaya. Va siendo hora de cambiar el formato ganadero. La feria de Otoño y la afición de Madrid merecen un serial a su nivel. Ganaderías que cierren sus toros con garantías de éxito y presentación. La repetición de los últimos años en cuanto a hierros anunciados crea una sensación de monotonía absurda e innecesaria. Deben, por tanto, cerrarse con las garantías y plazos necesarios.

Tomás Rufo fue el primer triunfador del ciclo. El joven toledano lograba salir por la Puerta Grande de Madrid tras cortar una oreja a cada novillo de su lote. Una tarde completa e importante del joven, que contaba con los dedos de la mano sus actuaciones este año. Temple y mando como virtudes de sus trasteos. Una cabeza privilegiada que le permitió entender a la perfección sus dos faenas de muleta. Para el recuerdo queda el cierre genuflexo al segundo y ese natural roto por bajo que hizo rugir Madrid como aperitivo de lo que puede realizar en el año próximo.
El otro gran nombre fue Antonio Ferrera, quien regaló una encerrona memorable en la tarde del sábado. La mejor que se recuerda en este coso en los últimos años. Un catálogo exquisito de suertes de capote, lidias y detalles antiguos. Cada salida del peto era un nuevo capítulo, una versión distinta con un solo hilo conductor. Con todos sus defectos, sin llegar a romper en el último tercio pero con un contenido tremendo, llenando cada rincón de la plaza. Cogió altos vuelos la faena del sexto, de principio a fin. Ahora sí toreando en redondo y con el pecho por delante. Abandonado. Tres tandas que rompieron los cimientos de Las Ventas. Una plaza entregada, y un torero hundido en su figura. La espada pudo condicionar las orejas pero el triunfo fue indiscutible. Dos de Victoriano para apuntar con nota.
Otro momento para el recuerdo fue la despedida de Manuel Jesús “El Cid”. Una tarde emotiva y cargada de recuerdos. Dos veces tuvo que saludar desde el tercio, obligado por los CDRs, que portaron una enorme pancarta. “El Cid, torero de Madrid. Gracias”. Hasta tuvieron los cojones de criticar que la afición de la plaza sacara a hombros por la puerta de cuadrillas a un torero que tantas emociones ha causado en este ruedo. Sí, los mismos que tacharon de imbéciles a cierto sector. Increíble.
Por lo demás, la feria ha carecido de contenidos. No sirvió la corrida del Puerto, mansa y huidiza. Tampoco la corrida de Fuente Ymbro, que aún con esas no logró tapar el buen momento de Emilio de Justo. Ni el malo de Ginés Marín. Lo de Adolfo, un despropósito. Y la suerte de varas, una aseguradora de fracasos.

No quiero olvidarme de las actuaciones de las cuadrillas, de lo más destacado de esta feria. Soberbios los pares de Antonio Chacón y Fernando Sánchez. Madrid a sus pies.

Y, desde aquí, mandar mi ánimo a Zorrillo, corneado en la mañana del domingo por un toro de Los Rodeos. También mi enhorabuena a Peta, campeón de España en la Final de Recortes, que logró aglutinar a cerca de 15.000 personas. Ahí queda eso.


Por Borja González
Abonado de la Plaza de toros de Las Ventas
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