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A Javier Cámara

¿Quiere usted dos orejas? Estamos en Logroño
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(Foto: Pablo García-Mancha)

¿Quiere usted dos orejas? Estamos en Logroño

Acerca de la Feria de San Mateo.

jueves 10 de octubre de 2019, 17:54h
Llevo un año sin sentarme delante de un ordenador y escribir sobre toros. Ni siquiera los cantos de sirena de David (a quien espero en Logroño) lo han conseguido. El motivo, muy sencillo. Nada nuevo que contar. Nada que decir que otros o yo mismo ya hubiera dicho con anterioridad. Las ferias y carteles se parecen a las películas de Marvel. Todas son iguales. Esta apatía no implica que haya dejado de ir y recorrer la geografía de España y Francia de plaza en plaza, si bien en menor medida que temporadas anteriores. Resulta significativo que este año haya faltado a mi cita con Bilbao. Preferí huir a las Orcadas y beber whisky.

Donde no falté fue a mi cita con La Ribera y la Feria de San Mateo de mi ciudad, Logroño. No concibo las Fiestas de San Mateo y de La Vendimia sin toros. Sin toros no hay fiestas. Sin ellos, San Mateo se convertiría en un gran botellón reservado para adolescentes donde el resto de los logroñeses huirían maleta en mano en busca de las mejores ofertas del cualquier agencia de viajes. La palabra tradición viene del Latín tradio, traditionis (transmitir, entregar). La Tauromaquia y el resto de tradiciones las hemos recibido de nuestros padres y debemos entregárselas a nuestros hijos. No basta con entregar un planeta limpio, también debemos dejar a nuestros sucesores todas y cada una de las tradiciones y raíces populares que nos han legado.

Si esto fuese una crónica al uso, tampoco lo pretendo, hablaría del desprestigio de cuatro ganaderías que copan la mayoría de las ferias, del monoencaste, del criterio cambiante de la presidencia que ha hecho el ridículo y a quien sólo le faltó renombrar La Ribera como Bar El Perchas II (El Perchas es un emblemático bar de la calle Laurel cuya especialidad son las orejas rebozadas), de la escasez de quites, de la ejecución paupérrima de la suerte de varas, o del escaso trapío de los toros lidiados. A mayor puesto en el escalafón, toro menguante. En fin, nada... nada nuevo.

Pese a todo hay esperanza. El maestro Urdiales toreó como los ángeles y como sólo él sabe el 21 de septiembre. Harina de otro costal son los criterios que ese día utilizó la autoridad para negarle la puerta grande y abrirla de par en par a Cayetano, quien ejecutó un toreo popular que, dicho sea, fue jaleado por los tendidos. A veces olvido que Gran Hermano es líder de audiencia. Luego está Pablo Aguado y su toreo exquisito, bello, seductor, efímero, que emborracha y permanece en la cabeza. Son segundos que duran minutos. Logroño lo paladeó. Yo también. No sería justo si me olvidara el banderillero Iván García o el valor desbordado de Juan Leal. El francés debe encauzarlo.

Como ven, nada nuevo. Y, entonces, me preguntaran por qué he vuelto. Me comprometí con un aficionado, Javier Cámara (no el actor). Javier y yo compartimos afición y amigos en común. Querido Javier te brindo este artículo por tu valor y tu integridad.


Por Alejandro Lerena
Abonado de la Plaza de Toros de La Ribera
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