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Cien años sin Joselito
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Cien años sin Joselito

El torero más grande de la historia de la Tauromaquia no solo por su forma de torear, sino por como marcó un punto de inflexión en la trayectoria vital de la Fiesta.

miércoles 01 de abril de 2020, 13:26h
Este año 2020 se cumplen cien de la muerte del torero más grande de la historia de la Tauromaquia. No nos referimos al diestro más influyente por su forma de torear, ni por sus capacidades estéticas, ni siquiera por su empeño en la selección del ganado. Nos referimos al único torero capaz por sí mismo de marcar un punto de inflexión en la trayectoria vital de la Fiesta de los toros. Del mismo modo que el calendario universal se clasifica con sus años antes y después de Cristo, en los toros nos encontramos en el año cien, después de Joselito. Aunque pudiera parecer una exageración, esperamos que tras la lectura de este artículo que amablemente nos encarga “Pureza y emoción”, de quienes nos declaramos fervientes seguidores, el lector considere que no somos aduladores exagerados, tan frecuentes en la actualidad.

Nuestra admiración hacia Joselito surgió de un modo natural, cuando realizamos nuestro trabajo sobre la Monumental de Sevilla. Descubrir que prácticamente todo lo que había transcendido sobre aquella plaza de toros era mentira nos llamó la atención. ¿Cómo era posible que dijeran que la plaza estaba mal construida? ¿Por qué decían que nunca se había llenado? ¿De verdad la ciudad de Sevilla no tenía capacidad para alojar en su trazado urbano una plaza monumental? Todo se hizo con el único fin de restar mérito a la exitosa iniciativa emprendida por José. Sus detractores nunca le perdonaron aquel triunfo.

La ciudad de Sevilla de los inicios del siglo XX empezaba a crecer fuera de los límites urbanos marcados por su muralla, que había caído reventada en los últimos años del siglo anterior al no ser capaz de soportar la presión de un crecimiento desarrollado por unos planes urbanísticos poco respetuosos con el patrimonio histórico de la ciudad. En una de las arterias principales, como es hoy la avenida de Eduardo Dato, se construyó una plaza tan grande como Las Ventas, con capacidad para 23.055 espectadores.

El crecimiento urbano de la ciudad acompañaba a cambios sociales de gran calado. La población se trasladaba a las ciudades en busca de las oportunidades laborales, empezaban a surgir los sindicatos y la lucha de clases. Movimientos que en definitiva eran novedosos con respecto a la tradición, por la que las riendas del poder las llevaba la nobleza agraria. A esto se sumaba un alto índice de mortalidad, causado por las malas condiciones sanitarias, especialmente en lo que a la calidad del agua se refiere.

En aquellos duros años el principal entretenimiento de la población eran los toros. Unos toros diferentes, no sólo en lo que respecta al ganado, sino al propio desarrollo del espectáculo. Es curioso que una de las pocas cosas que perdura, si no la única, cien años después de la muerte de Joselito sea el modo de organizar los festejos en la ciudad de Sevilla. En la década de los años diez a.J., la empresa campaba a sus anchas, cometiendo excesos como por ejemplo tener los asientos de la plaza de toros sin numerar. Las crónicas se la época rezuman un aire de sospecha que apunta a que incluso se cometía el abuso de expender un número de localidades superior al aforo de la plaza. No sería hasta el año 5 a.J. cuando se acometieran los trabajos de ampliación de la Maestranza y se aprovechara para numerar los asientos. Por cierto, ya entonces sonaba el runrún de un nuevo coso en Sevilla. Aquella primera numeración de la plaza de toros se la debemos a Joselito.

Pero no eran estos los únicos abusos de los que se quejaba la prensa de la época. El toro de reserva, el sobrero, no se impondría en Sevilla hasta el 27 de abril del año 3 a.J., en una corrida de Saltillo lidiada por Rafael, José y Juan. Además, cada vez que la empresa veía que no vendía las entradas suficientes para garantizar beneficios, se ponía de acuerdo con la autoridad gubernativa y juntos declaraban la suspensión por las inclemencias meteorológicas, aunque brillara el sol. Así era el monopolio taurino en la ciudad.

La Monumental fue un alivio para la afición, que no dudó en ocupar sus tendidos, demostrando a todo el mundo que la idea de Joselito era perfecta. Entradas más económicas y mayores ingresos para empresarios, ganaderos y profesionales. La cuadratura del círculo. Joselito tenía razón. El día de la inauguración la plaza no se llenó, entre otras cosas por el mal tiempo, que incluso llevó agua poco antes del inicio del festejo. Aún así, por primera vez se reunían en la ciudad 19.000 personas en torno a un ruedo para presenciar una corrida de toros, según la crónica de El Liberal. Así empezó la historia de aquella plaza, en el año 3 a.J., que se llenaría más veces y en la que incluso actuaron los reventas.

Las mentiras sobre Joselito no solo afectaron a su Monumental de Sevilla, sino que durante todo un siglo, nos han transmitido la idea de que era una persona triste, desafortunada, perseguida por la tragedia. Incluso hay algún estudio poco afortunado de su personalidad, de cuestionable rigor científico, que nos lo presenta como una persona trastornada. Nada más lejos de la realidad. Joselito murió en plenitud de facultades físicas e intelectuales. Un simple repaso a las crónicas periodísticas de la prensa limeña, durante su primera campaña americana, realizada poco antes de su muerte, así lo atestiguan. La temporada del año 1 a.J. fue exitosa tanto en lo que respecta a su desarrollo en España como en América. No cabe lugar a la duda, un torero que se viste de luces y se pone delante de los toros durante más de noventa tardes en España y diez más en su viaje a Lima, no podia estar deprimido, como tantos se han empeñado en contarnos. Quizás se trate de una proyección de la propia tristeza que los aficionados tuvieron por la pérdida del ídolo. Las calles de Madrid y Sevilla, además de todas las localidades por donde circuló el tren con sus restos mortales, fueron testigos de cuánto quería la gente a José.

Dicen que viajó a Lima para tomar aire por el disgusto que le produjo la muerte de su madre, pero Gallito tenía previsto viajar el año 2 a.J. La enfermedad de la "señá" Gabriela le obligó a cancelar el compromiso, que pudo emprender con éxito al año siguiente. Otros afirman que viajó por despecho amoroso, ante el supuesto rechazo del padre de su amada, pero José se iba a casar. Las crónicas y manifestaciones de los personajes de la época no dejan lugar a dudas. En ellas consta que sus banderilleros, su primo y secretario Antonio Parra “Parrita, Don Pío o el conde de Heredia Espínola conocián la intención de Joselito, y se lamentaban porque siendo tan joven no hubiera podido ver realizado el sueño de formar su familia. Pero entre todas las publicaciones destaca una carta de Francisco Muñoz y Pabón titulada “A ella”, en la que el clérigo habla, sin nombrarla, de la mujer en la que Joselito “tenía la puntería puesta”, “porque era buena, porque ERA DE SU CASA y porque TENÍA RELIGIÓN”. Cuando Joselito murió en Talavera, donde acudió a torear en contra de algunos allegados, como su apoderado Manuel Pineda, solamente tenía motivos para ser feliz. Conocía las mieles del triunfo, su plaza de toros era un éxito, hasta el punto de poner contra las cuerdas el negocio de la empresa de siempre, aunque esa no fuera su intención, y pensaba retirarse de los ruedos para casarse en breve. Lo de Talavera fue un accidente laboral, la muerte que engrandece a los toreros, la muerte que le convirtió en leyenda. Basta de lamentos, Joselito siempre será aquel joven de 25 años. James Dean o Marilyn Monroe son ejemplos de la eterna juventud, de una eterna juventud de la que siempre disfrutará José.

Solamente han pasado cien años desde que Joselito nos dejara, una tarde de mayo, en Talavera. Lamentablemente, un siglo después toda España se conmueve a la vez, en este caso no por la muerte de un torero, sino por la de muchas personas, que inocentemente han perdido la vida de un modo inesperado, tan inesperado como lo fuera la muerte de José. En este año 100 d.J. que muchos esperábamos con anhelo para volcarnos en la conmemoración de su centenario, un grito de dolor conmueve a España entera. Ahora mismo no tenemos ánimo para celebraciones, ya vendrán tiempos mejores. Del mismo modo que la muerte de Joselito conllevó la clausura de la Monumental de Sevilla, dejando a los aficionados taurinos a merced de los caprichos de los de siempre, este año del centenario se tambalean los cimientos de la Fiesta entera. Deseamos que ninguna plaza de toros se resienta de este golpe, del que sin duda saldremos más fuertes. ¡Ánimo y fuerza para todos! ¡Viva Joselito el Gallo!


Por Carmen del Castillo, Julio Carrasco y Fidel Carrasco
Autores de "Plaza de Toros Monumental de Sevilla. La dignidad de un proyecto" y "DOS TEMPORADAS Y MEDIA. El triunfo de Joselito".
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