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Indulto de "Sonajero", un paso más hacia la Tauromaquia de masas

lunes 17 de noviembre de 2014, 17:20h
De nuevo, en tela de juicio tanto el toreo como el comportamiento de un toro en un indulto

De nuevo, un indulto me ha dado por pensar. De nuevo, una forma de torear que, con el mérito que tiene estar delante de un toro tras la tragedia sufrida por Juan José Padilla, va dirigida a un público con ganas de "fiesta" pero con ausente gusto por el toreo con un mínimo de estética. De nuevo, un toro saltarín y corretón que jamás ha embestido con poder y casta desde los riñones a la punta del pitón, con la lengua fuera y entregado desde principios de faena. De nuevo, me pregunto hacia dónde va la Tauromaquia.

Esa Tauromaquia tradicional que surge como expresión auténtica del toreo, no de dar pases por dar pases, y que va unida al gusto, a la emoción que no da lo banal, la búsqueda del "misterio" estético, algo que siempre ha diferenciado el Arte de Torear a la cultura de masas. La retransmisión de la corrida y posterior vídeo, deja patente que Juan José Padilla, ese héroe que todos llevamos en el corazón, dirige su toreo al público que ya tiene ganado de antemano. Es verdad que en ocasiones entona elementos de buen toreo por trazo y largura, pero generalmente opta por los pases bulliciosos y sin apenas estética. En definitiva, un toreo de masas, una Tauromaquia que, respetando al hombre que se juega la vida frente al toro, parece mecánica y sintética.

Por otra parte, está el toro de Villa Carmela, "Sonajero" creo que se llama, digo creo porque apenas me acuerdo, es decir, no es un toro que aún indultado recuerde más de lo que dure este "revuelo". La búsqueda de la nobleza por parte del 90% de las ganaderías ha generado una gran confusión en el mundo de la Tauromaquia. Existe una profunda distancia entre "moverse" y embestir. El tal "Sonajero", se movió, cierto, pero con el alocamiento que muestran los erales en sus juegos: a saltitos, sin fijeza ni poder, corretón y sin meter los riñones como un titán. El toro ha de moverse, sí, pero con la transmisión que da la embestida con seriedad, dejando patente que todo lo que se le haga al toro sólo lo puede hacer el torero que está delante. Que no parezca fácil.

Por eso, el indulto de ayer en La México me da que pensar de nuevo hacia dónde va esta Fiesta. Un arte que ha sido siempre popular, del pueblo, pero que poco a poco, y con un toreo por parte de los diestros donde sólo importa el pase como sea, sin mando, sin cargar la suerte, sin alma, está siendo conquistado por la Tauromaquia de masas, convirtiéndose así en una seria amenaza para la estética del toreo que emociona y que ha emocionado siempre. Si a eso se suma el toro que corre pero no embiste, y cuando lo hace es de forma vulgar, aún celebrado por "entendidos" como el bravo y con clase, estamos contribuyendo a reforzar la confusión, caos y preocupante falta de afición que pone en peligro el sentido del arte de torear.

Por ello, no puedo estar más en desacuerdo con el indulto de ayer, tanto con el toro como con el toreo que se le recetó, porque éste jamás le exigió por abajo, le remató atrás. Fue un toreo a media altura y donde sobresalieron los pases de pecho, osea de alivio, un toreo y un toro que se han convertido en una mercancía más de la Tauromaquia de masas.

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