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El aficionado que quería 'ser bueno'

El aficionado que quería "ser bueno"

No puedo comprender que las Ferias sólo se remitan a 10 espadas y 10 ganaderías y, de verdad señores, no puedo hacer que me guste. No entiendo esa monotonía en las programaciones.

lunes 19 de enero de 2015, 17:30h
Pasa el invierno y los "taurinos" que manejan la "industria" siguen poniendo todo de su alma en que siga enfadado con ellos. Y de verdad, créanlo, me gustaría escribir con otro talante y de buena gana ensalzando la Tauromaquia, que tiene motivos más que de sobra para hacerlo, pero gracias a ustedes, me siento en una posición equívoca, y les digo que no puedo, o mejor, no quiero obviar, como comúnmente se hace desde otras tribunas, lo que están haciendo con el Arte de Torear.

De verdad, que no es consecuencia de odio hacia nadie, de falta de sentimientos amistosos o de una pluma "viperina" [sic]. Nada mas lejos, la causa estriba en que me siento defraudado con la forma en que se llevan los entresijos taurinos, en la ansiedad que me produce que sólo se miren réditos económicos, sin pensar en el futuro, y en cómo se sigue poniendo coto a algo tan grande y a la vez olvidado por la sociedad.

No puedo comprender que las Ferias sólo se remitan a 10 espadas y 10 ganaderías y, de verdad señores, no puedo hacer que me guste. No entiendo esa monotonía en las programaciones. Este escrito sé que ni le sorprenderá a un solo empresario o profesional del torero, y menos le ofenderá, porque desde siempre me ha parecido que a los taurinos que mandan en esto, en vez de con humildad reconocer los errores, se crecen y se enojan especialmente con los aficionados que no estamos enrolados en las filas del público y afición festera y que, digámoslo claro, le importa más bien poco todo lo que ocurra más allá de las figuras del toreo, las ganaderías que éstas llevan debajo del brazo y la Fiesta en los tendidos. Parece como que las empresas, toreros, ganaderos y afición que nos culpan de "dinamiteros" por el simple hecho de defender la variedad, la rivalidad entre figuras y toreros emergentes, el toro íntegro, etc., se complacen de la antipatía que provocan, con altivez y segura de sí misma (la seguridad que le da el parné, porque saben que lo que hacen no es correcto).

Me gustaría, señores taurinos, que llevan las riendas de la Fiesta, que mi persona les admirara, que les reconociera su trabajo y ser su defensor a ultranza, pero anclados como están al pasado, a la programación monótona, fácil y sin ideas, al toro colaborador de triunfos cantados de antemano, no les puedo más que poner la etiqueta de anticuados, y desear que personas con ideas renovadoras les retiraran a una digna (o no) jubilación, más que merecida.

Intento ver lados positivos, pero llegan ferias como Olivenza y Castellón, y no puedo situarles, señores mandamases, como un eslabón más de la Historia del Toreo. Sería en vano por vivir un momento taurino, este principio del siglo XXI, gris, plano, caído en el olvido de la sociedad, y monótono...Se preguntarán, “¿experimentar para qué?” Pues yo, les contesto. No se puede permitir que cada año pase el invierno y las ferias surjan ya anticuadas y previsibles: toreros, ganaderías, combinaciones, etc.

Yo, si me permiten, aunque sé que esto les entrará por Castellón y les saldrá por Zaragoza, les dejo varias cuestiones: ¿no sería un aliciente para mantener aficionados y atraer a nuevos, experimentar con lo nuevo y que pudiera aparecer un torero o una ganadería que supusiera una grata sorpresa e ir renovando el futuro? ¿No sería bueno convertir con la simple inclusión de un torero joven y con proyección los carteles con contrastadas figuras en una nueva fórmula para el buen devenir de la Tauromaquia? ¿Acaso lo nuevo y la variedad carece de todo valor para ustedes? ¿No podrían ser la inteligencia que les supongo y la activación de la imaginación empresarial un valor en sí? ¿No podrían ser esas nuevas ideas, un nuevo instrumento de revolución y de recuperación de la Tauromaquia para la sociedad? ¿No será la renuncia de la experimentación y renovación sinónimo de enriquecimientos personales y de una muerte temprana de la Tauromaquia? ¿No será la monotonía el envejecimiento de la Fiesta de los Toros, y el comienzo de la precipitación en el abismo del olvido?...

No me responderán, pero sé la respuesta, la misma que dieron a alguien que estuvo en la presentación de eso que se ha llamado Fusión Internacional por la Tauromaquia (FIT), y preguntó las propuestas y cambios que llevarían a cabo y fue respondida (ella) que "esta rueda de prensa no era el momento para hablar esas cosas", en fin.
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